Este libro lo encontré en un Sanborn´s de la Ciudad de Chihuahua, cuando fui como instructor de Valinka a dar un curso de manejo de estrés a Telmex. Fue un buen contrato. Habrá sido por el año 2000 ó 2001 porque recuerdo que mientras lo leía también viajé con mi mamá y mi pareja en ese entonces a Cancún, para ponerme en contacto con su amiga María Elena Sirvent que estaba encargada de un hotel por abrir, donde era muy probable que yo pudiera ejercer como instructor de Yoga y terapeuta holístico dentro de los programas de actividades cuerpo-mente para sus huéspedes. Como suele pasar ante esas expectativas después de ese viaje no volví a saber nada de la señora, y mi posibilidad de mudarme al Caribe se esfumó como un bonito recuerdo.
Este libro me tocó de manera muy especial porque me hizo
sentir que todo aquello que yo intuía, pensaba y vivía con respecto al
potencial transformador de la creatividad no sólo era real, sino que tenía una
aplicación práctica en un área por demás trascendente: la salud. En ese tiempo
yo estaba por terminar la formación de terapeuta holístico en Iztac
Multiversidad. Lo leí con lágrimas de felicidad en los ojos ante la belleza de
la posibilidad de ser protagonista de acciones como las que aquí se narran.
La tesis principal de este compendio de experiencias,
testimonios y voces tanto de artistas, como de médicos, enfermeras y pacientes es
que el individuo tiene un potencial enorme de curación cuando toca lo más sublime
dentro de sí, que es su poder creativo. Su materialización y operatividad está
dado en programas reales de Arte en
medicina en Hospitales de prestigio de Florida, California, Nueva York,
Chicago, Canadá, Inglaterra, Francia, Alemania como una tendencia creciente por
sus resultados. Estos programas consisten en llevar artistas (pintores, poetas,
músicos, bailarines) a los hospitales y permitir que convivan con los pacientes
ayudándoles a reconocer, nombrar y materializar sus dolores, y a aceptar su realidad
para poderla transformar, bien sea de manera concreta o metafórica, a través de
una canción, un poema, una danza, una pintura o cualquier otra expresión
creativa acorde a las habilidades e historia personal del paciente.
El libro de Michael Samuels, Doctor en medicina y Mary Rockwoodlane, enfermera y Doctora
en Filosofía, plantea que el origen de la oración, la sanación y el arte es el
mismo, y que desde ahí se pueden operar cambios a nivel celular que la ciencia
ha podido registrar y medir para comprobarlo, como es el caso de las remisiones
espontáneas de cáncer, depresión, y la acelerada rehabilitación en los
pacientes de trasplante de médula. Incluso, se ha comprobado y evidenciado con
cambios en los protocolos médicos que el sonido armónico y el ambiente de las
salas de recuperación y espera favorecen la salud cuando éstos exhiben arte,
están llenos de color y luz, plantas y música. Resalta la práctica de las
visualizaciones guiadas como el principio del cambio.
Dedica un capítulo a
reivindicar las historias tribales, la lectura de cuentos y los arrullos como
el origen natural de estos mecanismos tanto en los orígenes de la humanidad
como en el desarrollo del bebé o del niño.
Ofrece testimonios de artistas que han puesto su arte al
servicio de la sanación de pacientes y de médicos que han experimentado con
métodos creativos obteniendo resultados asombrosos.
En ese tiempo hice contacto con el Dr. Hunter (Patch) Adams
que seguía trabajando en su granja en Gainsville, Carolina del Norte, conocido
por ser uno de los pioneros en la inclusión del juego y la risa como
catalizadores para recuperar la salud, pues favorecen uno de los principios
básicos del arte en medicina que es convertir
el miedo en esperanza y la angustia en libertad.
Creatividad curativa es un libro escrito con amor y
mucha fe en la humanidad. Es un texto inspirador para todos aquellos que
cultivamos la creatividad como una flor de invernadero y que deseamos llevarla
a todas partes. Desafortunadamente, en México las inercias y pleitos por el
poder no han permitido la implementación de tareas de esta naturaleza, pues
cuando en el mejor de los casos que se haya librado el prejuicio ideológico del
médico positivista para compartir su práctica con oficiantes de otras
disciplinas, aún no se encuentran los mecanismos de remuneración para los
artistas. En mi experiencia, el grupo más sensible que de hecho, y de manera
intuitiva incluye algunas de estas prácticas son las enfermeras –algunas-. Falta mucho para que en este país se tomen las
medidas necesarias para incorporar al arte y la creatividad al ambiente médico,
pero este libro puede contribuir a despertar conciencias y a sumar voluntades
para que desde los espacios posibles de acción de cada uno se empodere al
individuo para que aprenda a ser maestro de su enfermedad y comandante de su
salud.
Comentado el 22 de enero de 2014 en Business Coffee
José Manuel Ruiz Regil
De "Historia de mis libros"
josemanuelruizregil@gmail.com
Magnifica aportación andar los mismos caminos, gracias
ResponderEliminarHola José Manuel,
ResponderEliminarEstoy buscando el libro para leérmelo porque padezco varias enfermedades y me salió sin más bicheando para mejorar. Usted lo vendería. No sé si es coincidencia pero en la fecha que escribe este artículo es mi cumples. Me he quedado pasmada. Es que no lo encuentro por ningún sitio. Muchas gracias y disculpame mi atrevimiento, pero estoy desperada por mejorar. Un saludo desde España