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martes, 1 de julio de 2014

La luz del Yoga




La luz del yoga seguramente lo compré en la librería Yug de Puebla, en la colonia Roma, por ahí de finales de los noventa en que estaba haciendo el diplomado de Iztac, y desde entonces ha sido mi guía, refugio y punto de retorno a esta disciplina que me ha aportado tanto. 

Durante un tiempo lo presté a mi amiga, compañera y maestra de yoga Soledad García, quien lo extravió o se lo quedó, pero me lo repuso con una bella dedicatoria que dice “Con amor de muchas vidas, Soledad”. Es quizás, por este vuelco que mi ejemplar en especial tiene un gran significado para mí. Soledad me puso mucha atención en  mi práctica porque confiaba en que yo podía desarrollarme bien en esta técnica, me animaba y estimulaba a profundizar, compartiéndome su experiencia de más de veinte años practicando y enseñando Yoga. 

Alguna vez me invitó a su salón de clases en Querétaro a dar una sesión como a mí me gustan, a mi manera, ya con todo el entrenamiento de la escuela Iyengar. Creo que he adoptado el Yoga y le he dado un toque personal que me gusta.

La luz del Yoga del maestro B.K.S. Iyengar es un libro luminoso, lúcido y práctico que funciona a la vez que como libro de consulta, como un  manual que lleva al interesado en el arte sagrado de la unión cuerpo-mente paso a paso al dominio de una técnica ancestral. Está dividido en dos grandes secciones. La primera ¿Qué es el yoga?,  expone los orígenes historiográficos y mitológicos de la disciplina. Los Upanishads, los aforismos de Patanjali, el Hatha Yoga Pradipika, las leyendas del Bagavad-Ghita. Explica los ocho estadios del yoga, para que no nos confundamos con la tendencia contemporánea a limitarnos a uno solo, que son las ásanas (posturas), sino que comprendamos que toda esa contorsión no es más que eso si no se es congruente con el resto de los principios que implican el respeto a las leyes universales, la purificación por la disciplina, el control de la respiración, la retirada y la emancipación de la mente de la dominación de los sentidos y los objetos externos, la concentración y la meditación hasta llegar a la iluminación. 
Todos estos estadios los expone claramente, de ahí que el lector puede hacerse una idea de si realmente es lo que quiere o mejor se inscribe a Zumba o a Pilates en el club.

La segunda parte, Yogasanas, es la explicación técnica para la construcción de las posturas (ásanas). Luego de exponer el nombre en sánscrito, explica su etimología, describe la técnica concienzudamente y explica los efectos que la postura tiene en los diferentes niveles (mecánico, bioquímico y energético). Cuando es necesario recurre a la leyenda o mito que hay detrás de la postura y en otras ocasiones se centra en el efecto psicológico que la actitud corporal puede construir en el carácter.

De ahí que el bellísimo prólogo al libro, escrito por el musicólogo Yehuda Menuhin, sintetice claramente el beneficio de los diferentes grupos de posturas que domina el practicante avanzado, haciendo una correspondencia entre el trabajo físico y las habilidades cognositivas:  “La comparación y la crítica deben empezar con el alineamiento de nuestras propias mitades, derecha e izquierda en un grado en el que sean factibles hasta los más finos ajustes.
La fuerza de voluntad nos puede llevar a empezar por el estiramiento del cuerpo desde los dedos de los pies hasta la cumbre de la cabeza, desafiando la gravedad. Ímpetu y ambición pueden empezar con el sentido del peso y la velocidad que provienen del libre balanceo de los miembros, mientras que el aplomo lo crea el control de un equilibrio prolongado sobre un pie, los dos pies o las manos, lo que otorga serenidad. 
La tenacidad se obtiene por el estiramiento en las distintas posturas de Yoga durante varios minutos, mientras que la calma se obtiene mediante la respiración tranquila y constante y la expansión de los pulmones, el conocimiento de la inevitable alternancia de tensión y relajación en ritmos eternos, de los que la inspiración y la espiración constituyen un solo ciclo, onda o vibración entre las incontables miríadas que constituyen el universo”.

De esta manera Iyengar expone 57 posturas ilustradas con fotografías de sí mismo, lo cual es muy inspirador. Incluye una sección de Pranayama en la que, como lo hizo en la sección anterior, sugiere las condiciones ideales tanto físicas como orgánicas y emocionales que son más favorables para la práctica y expone los diversos ejercicios de limpieza y purificación a través de la respiración.


Finalmente incluye un apéndice que es sumamente valioso y puede acompañarnos para toda la vida. Él le llama Cursos de ásanas en los que expone series de posturas por grupos para que el lector, yogui o practicante vaya adquiriendo por sí mismo la disciplina o se inspire para estructurar sus clases, como lo hago yo en De profundis.

El primer curso lleva al practicante desde la semana uno hasta la treintaicinco en una progresión de posturas y tiempos que harán un verdadero maestro de quien logre dominarlas. En el siguiente plantea un curso de una semana. Debo decirles que cualquiera de las dos opciones es un reto muy poderoso aún para los practicantes avanzados, por lo que las sugerencias del maestro Iyengar no se agotan. Así es que a practicar. La luz del Yoga, publicado por editorial Kayros con la fotografía del maestro Iyengar en Padmasana en la portada, se puede conseguir fácilmente en las librerías esotéricas.

Comentado el 22 de enero de 2014 en Business Coffee
José Manuel Ruiz Regil
De "Historia de mis libros"
josemanuelruizregil@gmail.com

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