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martes, 1 de julio de 2014

Creatividad curativa



Este libro lo encontré en un Sanborn´s de la Ciudad de Chihuahua, cuando fui como instructor de Valinka a dar un curso de manejo de estrés a Telmex. Fue un buen contrato.  Habrá sido por el año 2000 ó 2001 porque recuerdo que mientras lo leía también viajé con mi mamá y mi pareja en ese entonces a Cancún, para ponerme en contacto con su amiga María Elena Sirvent que estaba encargada de un hotel por abrir, donde era muy probable que yo pudiera ejercer como instructor de Yoga y terapeuta holístico dentro de los programas de actividades cuerpo-mente para sus huéspedes. Como suele pasar ante esas expectativas después de ese viaje no volví a saber nada de la señora, y mi posibilidad de mudarme al Caribe se esfumó como un bonito recuerdo.

Este libro me tocó de manera muy especial porque me hizo sentir que todo aquello que yo intuía, pensaba y vivía con respecto al potencial transformador de la creatividad no sólo era real, sino que tenía una aplicación práctica en un área por demás trascendente: la salud. En ese tiempo yo estaba por terminar la formación de terapeuta holístico en Iztac Multiversidad. Lo leí con lágrimas de felicidad en los ojos ante la belleza de la posibilidad de ser protagonista de acciones como las que aquí se narran.

La tesis principal de este compendio de experiencias, testimonios y voces tanto de artistas, como de médicos, enfermeras y pacientes es que el individuo tiene un potencial enorme de curación cuando toca lo más sublime dentro de sí, que es su poder creativo. Su materialización y operatividad está dado en programas reales de Arte en  medicina en Hospitales de prestigio de Florida, California, Nueva York, Chicago, Canadá, Inglaterra, Francia, Alemania como una tendencia creciente por sus resultados. Estos programas consisten en llevar artistas (pintores, poetas, músicos, bailarines) a los hospitales y permitir que convivan con los pacientes ayudándoles a reconocer, nombrar y materializar sus dolores, y a aceptar su realidad para poderla transformar, bien sea de manera concreta o metafórica, a través de una canción, un poema, una danza, una pintura o cualquier otra expresión creativa acorde a las habilidades e historia personal del paciente.

El libro de Michael Samuels, Doctor en  medicina y Mary Rockwoodlane, enfermera y Doctora en Filosofía, plantea que el origen de la oración, la sanación y el arte es el mismo, y que desde ahí se pueden operar cambios a nivel celular que la ciencia ha podido registrar y medir para comprobarlo, como es el caso de las remisiones espontáneas de cáncer, depresión, y la acelerada rehabilitación en los pacientes de trasplante de médula. Incluso, se ha comprobado y evidenciado con cambios en los protocolos médicos que el sonido armónico y el ambiente de las salas de recuperación y espera favorecen la salud cuando éstos exhiben arte, están llenos de color y luz, plantas y música. Resalta la práctica de las visualizaciones guiadas como el principio del cambio. 

Dedica un capítulo a reivindicar las historias tribales, la lectura de cuentos y los arrullos como el origen natural de estos mecanismos tanto en los orígenes de la humanidad como en el desarrollo del bebé o del niño.

Ofrece testimonios de artistas que han puesto su arte al servicio de la sanación de pacientes y de médicos que han experimentado con métodos creativos obteniendo resultados asombrosos.

En ese tiempo hice contacto con el Dr. Hunter (Patch) Adams que seguía trabajando en su granja en Gainsville, Carolina del Norte, conocido por ser uno de los pioneros en la inclusión del juego y la risa como catalizadores para recuperar la salud, pues favorecen uno de los principios básicos del arte en  medicina que es convertir el miedo en esperanza y la angustia en libertad.

Creatividad curativa es un libro escrito con amor y mucha fe en la humanidad. Es un texto inspirador para todos aquellos que cultivamos la creatividad como una flor de invernadero y que deseamos llevarla a todas partes. Desafortunadamente, en México las inercias y pleitos por el poder no han permitido la implementación de tareas de esta naturaleza, pues cuando en el mejor de los casos que se haya librado el prejuicio ideológico del médico positivista para compartir su práctica con oficiantes de otras disciplinas, aún no se encuentran los mecanismos de remuneración para los artistas. En mi experiencia, el grupo más sensible que de hecho, y de manera intuitiva incluye algunas de estas prácticas son las enfermeras –algunas-.  Falta mucho para que en este país se tomen las medidas necesarias para incorporar al arte y la creatividad al ambiente médico, pero este libro puede contribuir a despertar conciencias y a sumar voluntades para que desde los espacios posibles de acción de cada uno se empodere al individuo para que aprenda a ser maestro de su enfermedad y comandante de su salud. 

Comentado el 22 de enero de 2014 en Business Coffee
José Manuel Ruiz Regil
De "Historia de mis libros"
josemanuelruizregil@gmail.com

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