jueves, 17 de diciembre de 2015

Los Fabuladores, de Saki



   


Esta es la historia de dos tipos de la misma calaña, que se dan a sí mismos una sopa de su propio chocolate. Desde la amabilidad más cortesana hasta la grosería más insultante, un forastero y un oriundo evaden mutuamente sus verdades para no caer en la trampa del mendigo que vive bien de recibir limosnas. A través del diálogo de los personajes nos vamos enterando de la vida de cada uno, aunque la del oriundo suene tan fantástica que ni el forastero la cree. A cada intento del forastero de embarcar al oriundo en un fraude, éste le revira una respuesta que aleja al adversario de su objetivo. Es capaz de mentir sobre mentiras para cerrarle al otro cualquier posibilidad de ataque. Finalmente, éste se da por vencido y se retira.

El cuento está basado en un refrán popular que dice que “Nunca dos que se dedican al mismo negocio estarán de acuerdo”.



sábado, 5 de diciembre de 2015

Aceite de perro, Ambrose Bierce


Para leer el cuento, da click en el título
Aceite de perro, Ambrose Bierce

   


Boffer Bings, voz narradora de esta historia es el hijo de una familia cuyo negocio se sustenta en la atracción de perros de la calle y de niños no deseados para ser eliminados y obtener un producto medicinal que se ha vuelto muy popular en la región: Aceite de perro.

Al avanzar en esta lectura del autor norteamericano, sin tener la referencia de que es uno de los autores de literatura negra más representativos del siglo XIX, seguía con incredulidad los hechos: Un padre que obtiene aceite de perro hirviendo los cuerpos en calderos para destilar su grasa y venderla a los médicos -que además la recomendaban como muy saludable a sus pacientes, quienes la conocían como Lata de Óleo-; una madre que en un taller lejano se encargaba de dar buen fin a los niños problema, y un hijo que ayudaba a sus progenitores en la limpieza de sus industrias.

Pero un accidente, la posibilidad de un encuentro de Boffer con un policía, de quienes él pensaba “que sus actos, cualquiera que sea su carácter, son provocados por los motivos más reprensibles”, lo dirigió a esconderse en la fábrica de su padre, mientras llevaba cargando el cadáver de un niño hermoso. Es aquí donde la historia da una vuelta de tuerca, pues para deshacerse del cuerpo, Bings, lo mezcla en el caldero junto con los perros que su papá estaba destilando, y según narra, este fue el evento que cambió su vida.

La historia está narrada desde el presente, es una confesión del personaje del acto que condenó a sus padres a su muerte. Pero el tono en que está escrito no muestra mayor remordimiento moral por la naturaleza de los actos, sino por la quiebra y desaparición del buen negocio que habían logrado sus padres con el ajuste a la receta del aceite, el cual se había vuelto de mucha mejor calidad a partir de la inclusión del cuerpo del niño. Esto trajo cambios en la manera de operar de los adultos, hasta que fueron reprimidos por la administración de la ciudad. Entonces viene el desenlace en el que ambos culpando al otro de su quiebra, luego de una lucha innoble, acaban hundidos en el caldero.

El lamento de Bings sorprende por su ambigüedad. Si bien los crímenes de su padre le parecían de lo más normal, por otro lado tenía conciencia de la naturaleza moral de sus actos. Sin embargo, el lamento mayor fue el de acabar con su fuente de trabajo al confesarles a sus padres lo ocurrido con el cadáver del niño, la desaparición de su entorno familiar, y una empresa prometedora.

No puedo dejar de pensar en la gran metáfora que esto entraña. No puedo ver los crímenes como actos delictivos nada más, producto de una conciencia distorsionada e insensible. He sentido, a lo largo de la lectura que este dejar en los huesos a los perros y más tarde a los humanos que se han convertido en la escoria de la sociedad es justo lo que la cultura discriminatoria e individualista en que vivimos, cuyo principal objetivo es la ganancia, por encima de la persona, ha logrado. El hambre de los marginados, la cosificación de la miseria.

De alguna manera el sistema social va excluyendo y reciclando a este sector, y para ello se necesitan trabajadores. A veces se encuentran en las filas de la administración pública y otras en el sector empresarial, cuando no colaboran estrechamente unos y otros. Esta amoralidad que persigue la eficiencia a cualquier costo retrata de manera humorística y macabra uno de los rasgos de nuestra cultura. La denuncia de Bings es mucho más que un remordimiento por un pecado cometido en la juventud.


José Manuel Ruiz Regil

jueves, 19 de noviembre de 2015

Guía para padres que tienen hijos con Enfermedad Renal Crónica

Foto tomada del sitio de Facebook

La Dra. Beatriz Verónica Panduro Espinoza y el Dr. Luis Gustavo Orozco Alatorre han reunido un concierto de voces para explorar, desde diferentes ángulos, los orígenes, los síntomas, los tratamientos y demás aspectos de la esfera social a los que se enfrentan los padres de un niño o niña con Enfermedad Renal Crónica. La Guía para padres que tienen hijos con Enfermedad Renal Crónica, sí, es un texto compuesto por muchos otros textos de especialistas que le hablan al padre y a la madre de un niño con esta condición médica, y lo hacen no sólo desde la ciencia, sino desde la empatía, desde el abrazo solidario y la comprensión de los múltiples factores que aquejan el día a día de las familias de bajos recursos que tienen que enfrentar esta situación. Sobretodo, como dice el Dr.Francisco Martín Preciado Figueroa, Director del Nuevo Hospital Civil “Dr. Juan I. Menchaca”, en su Mensaje de presentación: “disminuye el impacto, las complicaciones y el sufrimiento provocados por dicha enfermedad y la pobreza al interior de las familias”.

El nuevo Hospital Civil de Guadalajara, “Dr. Juan I. Menchaca”, a través de la División de pediatría, específicamente el área de Nefropediatría,  impulsa esta iniciativa que dirige la atención sobre “una enfermedad que ya alcanza la categoría de pandemia”, pues como dice el Dr. José C. Florín Yrabien, Nefrólogo pediatra, en su generoso prólogo: “...considerada (la ERC) un importante problema de salud mundial, pues afecta a más del 10% de la población en general”.

En 16 capítulos que van desde la definición de riñón hasta la espiritualidad, médicos nefrólogos, enfermeros especialistas en nefrología, pediatras, nutriólogas, psicólogos y hasta un sacerdote jesuita ofrecen una visión práctica de cómo abordar los cuidados, el crecimiento, la educación y el desarrollo de un niño que cursa por esta enfermedad.

Desarrollado, en su mayoría a partir de preguntas sencillas y comunes, los profesionales abordan los temas con una lógica práctica, brindando a los padres información útil, clara y accesible para todos los niveles de comprensión.

Cada capítulo guarda información valiosa y una invitación a la acción consciente. Se explora el proceso de duelo, tanto en el paciente como en el cuidador, se instruye sobre cuidados paliativos, tratamiento farmacológico, terapia sustitutiva (diálisis peritoneal /hemodiálisis), manejo de urgencias fuera del hospital, recursos para afrontar el estrés y manejar las emociones tanto de los hijos como de los padres, familiares o cuidadores; el juego como un importante catalizador de la socialización, la educación, la reorganización de la vida diaria, y la formación de redes de apoyo, entre otros temas esenciales. Además, cuenta con una amplia sección de referencias bibliográficas para quienes deseen seguir profundizando en el conocimiento de la materia.


Este libro ha sido editado por el Nuevo Hospital Civil de Guadalajara, Juan I. Menchaca, El Colegio de Pediatría de Jalisco, A.C. y COECYTJAL en Editorial Cuéllar y Ayala en el año 2015. Su formato es cómodo y está impreso en papel couché, lo cual realza la calidad del diseño. Las ilustraciones son  creadas y donadas por “Grupo Malba”, por el L.D.I. Jacobo Benjamín Acosta Aguilar.

Guía para padres que tienen hijos con Enfermedad Renal Crónica se convertirá en el libro de cabecera de los padres comprometidos que buscan aceptar una realidad, por difícil que sea, y hacer los ajustes necesarios para que su hijo tenga las oportunidades de crecimiento y desarrollo que merece, y ellos a su vez, disfruten de una familia integrada, colaboradora, empática y saludable.

Coordinadores:

Dra. Beatriz Verónica Panduro Espinoza.
Médico Pediatra con Adiestramiento Avanzado en Nefrología Pediátrica, Universidad de Guadalajara, Sede Nuevo Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca”
Maestra en Desarrollo Humano por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente.
Estudios en Cuidados Paliativos, Metodología en Educación para Adultos (Instituto Mexicano de Desarrollo Comunitario) y Espiritualidad (Escuela de Espiritualidad Franciscana y Centro Ignaciano de Espiritualidad).
Doctorante en Investigación Educativa Aplicada, en el Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio.
Adscrita al servicio de Nefrología Pediátrica del Nuevo Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca”, Guadalajara, Jalisco, México.
Profesor de Educación Médica en la Especialidad de Pediatría Médica y de Pediatría en el Centro Universitario de Ciencias de la Salud.

M. En C. Luis Gustavo Orozco Alatorre
Jefe de la División de Pediatría, Nuevo Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca” Profesor Titular de la Especialidad de Pediatría Médica, Universidad de Guadalajara, Sede Nuevo Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca.
Miembro de la Academia Mexicana de Pediatría.
Presidente del Colegio de Pediatría de Jalisco.

Colaboradores:

Dra. María Luisa Salazar Gutiérrez, Dr. Gustavo Pérez Cortés, Dra. Cristina Ochoa Ponce, L.N.Aidé Aranzazú Navarro Jiménez, Lic. en Enfermería Elba López Gudiño, Lic. en Enfermería Patricia Ríos Armenta, Lic. en Enfermería Alicia Cabrera Salcedo, Enfermera María Luisa Castillo Román, Enfermera Maricela Mejía Armenta, Dra. Yuriko Nakashima Paniagua, Lic. Eva Sánchez Talamantes, Dra. Noemí Gómez Gómez, P. Luis Valdés Castellanos

jmrr

viernes, 24 de julio de 2015

Notas acerca de Un cuidador de inicios, Por Rocío García Rey

   



Revelaciones de un Cuidador de Inicios, de Tomás Browne Cruz, nos enfrenta y nos confronta a colocar bajo sospecha la genealogía oficial de la literatura occidental. El comienzo mismo del poemario nos advierte de la gran ruptura por la que navegaremos, pues desde el momento que leemos la palabra convoluciones encontramos ya el ápice de un lenguaje que desmonta las palabras y los significados que creemos únicos. Este ápice se transforma muy pronto en una oleada de nuevos argumentos y nuevos acomodos incluso sintácticos. Es precisamente tal acción: atreverse a desmontar el lenguaje y los personajes que creemos inamovibles por lo que el poemario de Browne se vuelve de ruptura.

Se trata de una poética de los inventarios literarios; inventarios que se presentan al lector fuera de la vitrina del museo literario, pues el juego intertextual sirve para formular, reformular y aniquilar una y otra vez, incluso el mismo poema. De esta manera las historias, los personajes, las frases, los diálogos se usan para darle un gran giro a la inventio oficial. Porque, ¿de dónde sale la literatura si no es de ese andamio llamado lenguaje? Pero es incluso ese andamiaje en el que los sintagmas pueden asumir la forma de tablones ya horizontales, ya verticales, ya combinados.

Estamos ante la disolución de las fórmulas que nos dotan de apariencia y que por ser precisamente apariencia nos hacen creer que la palabra, el sintagma por sí sólo revela verdad. Browne nos muestra, como Pizarnik cuando se preguntó: “Si digo agua, ¿beberé?”, que el lenguaje nos permite cambiar el orden acostumbrado de las matruskas. De ahí que leamos esta sentencia: “El dolor es una falsedad que no se reconoce”.

La vida misma no es sino mera apariencia; evanescentes somos, tal característica la devela el poeta cuando desmonta los significados edulcorados para espetarnos y decirnos: “De la vagina mezclándose con el semen nace una flor marchitándose”.

Es la literatura, los mitos, las historias y sus recovecos por los que se atreve a viajar el lápiz del autor para elaborar, ora una caricaturización de los personajes con los que supuestamente se abre parte de la historia bíblica, ora la reinvención y reacomodo de la historia griega o romana, por mencionar algunas.

Las genealogías que nombramos en un principio se vuelven turbias y desajustan las creencias pusilánimes y univocas. Así, leemos: “Eva es una manzana invisible y Adán un gusano imaginario. Caín tiene rabia de Adán y Eva no está en ningún lugar / Es una manzana invisible corroída por un gusano cualquiera/ […] De Adán sale un chorro de sangre y es una manzana roja/ Y Caín se la come como a Eva”. La yuxtaposición de vacuidades nombradas como “manzana invisible”/ “gusano imaginario” permiten la enunciación de un campo icónico en el que la violencia es casi lo único seguro en nuestros orígenes.

Si hemos dicho que la única certitud es la violencia, entonces podemos entender que la bondad como convención también se desvanezca, pues para el poeta, hemos perdido la armonía, escribe: “Perdiendo la alegría de una quietud llamada Universo”.

En Revelaciones de un cuidador de inicios el eje de la historia no son los documentos de las grandes batallas, en este texto la transgresión se halla en lo que hemos llamado un desmontaje de los otros anales : los de la literatura. Así de una forma metafórica podemos decir que el autor desmitifica y deconstruye una cierta teoría de la historia. El tiempo ¿dónde se halla? Si el mismo autor deja asentado en su primer poema:

“No hay historia”.

¿Los padres quiénes son? Los cuerpos sexualizados cambian de identidad y acaso se conserva una luna ora sensual, ora sexual. “Pero la luna reveló a la mujer desnuda”, acota el poeta.

Se entiende que la historia sea inexistente porque los referentes temporales no existen en el universo de Browne: “El secreto de Jamás era que Nunca no tuvo madre en el tiempo, /Y padre en el espacio, y hermanos en el espacio y tiempo. / Ese era el secreto de Nunca que Jamás no tuvo padre espacio ni madre tiempo”. Peter Pan queda, entonces, condenado a la ausencia de coordenadas espacio temporales.

Es en esta nueva construcción de espacios que el lenguaje gana terreno y se vuelve así, el único soporte para reinventar el mundo. Por ello los autores se vuelven personajes y los personajes son los verdaderos autores de la historia. Son mujeres como Julieta, Isis, Cleopatra y Chlora quienes pueden dotar de eros al mundo. Los dioses se vuelven terrenales por y con ellas, porque acaso nunca ha existido el espacio divino. Por estas mujeres la tierra es apta para los dioses; pero aun estas mujeres encarnan la ausencia. “Y te fuiste”, dice Browne, en el poema donde presenta a Isis.

Si hemos hablado en este texto de evanescencia, ésta queda asentada cuando el autor esgrime la sentencia: “El hombre es la muerte”. Y en medio de esa muerte, como parte de las transgresiones que devela el autor, nos enfrentamos a las otras mujeres, a quienes se les ha arrebatado la posibilidad de vida, y por ende la cualidad de eros: me refiero a las madres que han arrojado al basural a sus hijos, a las madres cuyo sexo ha sido sublimado. La maternidad como acto per se y sacralizado desaparece. “Cada hombre arrojado al basural por su madre es un secuestrador de mujeres, /Que lleva una antorcha en su pecho para quemarlas como quemarían Troya.”

Hay, en conclusión, en el trabajo de Browne, un trabajo metatextual que nos muestra que la hoja en blanco puede desaparecer sabiamente mediante el artilugio escritural para que las historias -literarias o no-, hallen múltiples rutas, múltiples versiones. Pues, aunque el autor, diga que: “La literatura distancia de la memoria”, quizá convenga pensar con el poemario que ahora presentamos, que es posible reinventar las memorias, es decir, reinventar las palabras.



Rocío García Rey

México, D.F. 05 de enero del 2015.

























jueves, 16 de abril de 2015

...y serán como dioses (Salmo 81 (82)*


El tiempo no vuelve atrás, por lo tanto planta tu jardín y adorna tu alma, en vez de esperar a que alguien traiga flores.
William Shakespeare.



Es una feliz coincidencia que este domingo, cuando la fe Católica conmemora la resurrección de Cristo, rindamos, también, este homenaje a nuestro querido maestro, el guionista, ensayista y dramaturgo Alejandro Cessar Rendón, haciendo una lectura de una de sus obras que no podría ser más adecuada: Lázaro: el perdón. Editado en 2002 por el Instituto Mexiquense de Cultura. Un poema dramático en un acto que nos sitúa en el origen del mito judeo-cristiano de la resurrección, y cuestiona la dependencia a una autoridad externa para la realización del máximo potencial individual, que es la conciencia cósmica.

Cuando Jesús vuelve a Betania, donde lo esperaba un grupo de judíos inconformes con sus enseñanzas para apedrearlo por la blasfemia de haberse llamado Hijo de Dios, y dioses potenciales a todos los hombres de conciencia, sus apóstoles, el milagro que habrá de representar el summum de sus enseñanzas está por realizarse: la resurrección de Lázaro, que ha muerto físicamente a causa de una enfermedad. Ese es el punto de partida de la obra de Rendón. Sin embargo, a diferencia de los Evangelios, en esta historia Lázaro no espera a El maestro, sino que resucita por sí mismo, y gracias al perdón de su madre, que atiende a los ruegos de sus hijas para que se anime a parirlo una vez más.

“¿Crees que debamos hablar de él como se habla de todos los muertos?” se preguntan las hermanas constantemente, haciendo de esta línea una anáfora que otorga musicalidad y ritmo al texto en su primera parte.

Conocemos el lamento de la madre de Lázaro por haber parido un hijo muerto. Su voz se expresa con un lirismo mineral que otorga propiedades físicas al sentimiento. “Miren mis lágrimas de mármol, mis pétreas lágrimas corriendo sobre cara dura”. La metonimia que permite adjetivar los sustantivos refuerzan la calidad del dolor “¡Miren mis lágrimas cantera, lágrimas basalto, lágrimas turquesa y ópalo! Duras lágrimas, más duras que la hora del alumbramiento”. Un hijo muerto que vivió veintiún años. Esta figura poética (oxímoron) sirve al autor para darnos las claves de su tesis. Nacer muerto es una de las paradojas más terribles de la vida. Sin embargo, ella lo reconoce al decir: “¿pueden pensar en el dolor callado, el supremo dolor de ver a un hijo que no es hombre, ni es signo, ni es delirio, un hijo que no existe pero que ronda como espectro, que a diario se disuelve y se entrega a una muerte sin entierro?”
  
¿No suena esto a la descripción del individuo anónimo en la masa, del cual habla claramente Ikram Antaki en su exquisito compendio de cultura El banquete de Platón? ¿O al perfil de El hombre mediocre, ese individuo mediano, sin ideales que obedece a la programación de la conveniencia que nos entregó José Ingenieros a principios del siglo pasado? ¿O al espécimen que mejor retrata al individuo contemporáneo, representado en la proyección Zombie que tan absurdo éxito ha tenido entre los más chicos?

La madre habla de la vida de Lázaro como de un sueño del que al abrir los ojos se despierta a un nuevo sueño para despertar en otro y en otro; y está cansada de parirlo mil y un veces muerto. Es el sueño de la inconsciencia, del automatismo, de la indolencia espiritual, de la no realización, de la desconexión total del Ser. Y eso, la madre lo perdona. Pues como ella dice: “Perdonar es dar la vida… Hoy es el día del perdón y reviven los muertos.”


 

Siguiendo el método de interpretación simbólica que nos enseña Alejandro Jodorowsky en Los evangelios para sanar, La madre es el Basto, que representa al sexo, la creación, y a la conciencia espiritual; el hijo, el Oro, el cuerpo, la materia a quien la madre le otorga la posibilidad de vivir en el amor, la verdad y la fe, la Copa. Y éste la toma. Quiere vivir. Así es que en la historia de Rendón, Lázaro resucita antes de que llegue El maestro para obrar el milagro. Ya no fue necesario. Ahora El maestro no puede demostrar su poder. Lázaro es el ego y todos los aspectos de la personalidad que no se construye para fines trascendentes, sino para la apariencia, para tener más que para ser, y apesta, se está pudriendo entre las hermanas (la razón y la duda). Pero el perdón, es decir, la aceptación de la conciencia, la elección del amor a la incertidumbre, en vez del miedo a la verdad, dan nueva vida a Lázaro. Dice Jodorowsky: “Todos estamos muertos. Mientras que algunos de nosotros no haya realizado su toma de conciencia, todos somos Lázaro muertos en descomposición, encerrados en una cueva bloqueada por una piedra.”

Hasta aquí la coincidencia del evangelio con el poema de Rendón. A excepción del tiempo en que se obra el milagro, pues de aquí en adelante el protagonista principal de los Evangelios es degradado por la conciencia representada en la madre de Lázaro, y condenado a muerte por propagar la mentira de su filiación única con Dios, “porque Dios es el hombre que ha dejado ya sus mitos”.
  

Aún así, convencida de que su hijo no ha renacido, sino que sólo ha despertado de otro sueño a una nueva muerte, insta a El maestro y a Lázaro a que salgan de la tumba y mientan a la multitud; que le entreguen el milagro que esperan, el mito que los sostendrá más de dos mil años sin vida, porque, dice la madre: “La mentira agarra a los muertos…que son los que no sirven, los que nunca fructifican. Son los arroyos secos, los libros nunca abiertos, los sueños no soñados, los silencios”.


   

Ahora es momento de abrir el libro y renacer en sus palabras al maestro Rendón, quien en esta obra nos invita a empoderarnos de nuestra condición humana; de la posibilidad de desarrollarnos como personas conscientes, y nos emancipemos de las figuras de autoridad que la mayoría de las veces sólo vampirizan el espíritu de los ingenuos, pues propagando una mentira como verdad, sólo pueden conducir a la muerte.

*según traducción.
José Manuel Ruiz Regil/ Analista cultural.
5 de abril de 2015 Casa del Risco, San Angel.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Sin anestesia, Happening en 5 movimientos



Escaleras imposibles, Escher


Por el lenguaje, que se parece a la sabiduría
El otro poema de los dones, Jorge Luis Borges
El hombre es cosa vana, variable y ondeable.

Michel de Montaigne

Primero. Crónica de un mundo creado a partir de un yo mutable.

Si tuviera que buscar una imagen visual para ejemplificar la estructura de un libro como Manual de Neurocirugía para Zombies, de José Miguel Lecumberri, editado por Inferno Ediciones, elegiría La escalera infinita, de Escher, o El triángulo imposible, pues creo que junto con el concepto Deleuziano de Rizoma, que Lecumberri toma prestado a la filosofía, es lo que mejor puede visibilizar la dinámica de posibilidades mutagénicas de los muertos en vida, pues siendo este modelo diverso, versátil y multidimensional, su desarrollo, en cualquiera de los casos, no va a ninguna parte.
  

Banda de Moebius
Pero el concepto de Rizoma no basta al autor para montar su teoría, sino que desde el inicio lo transforma, al darle una primera vuelta para convertirlo en Anti-rizoma, así como una banda de Moebius, en la que la cara superior siempre sigue siendo la cara superior, aún cuando esté debajo. Es decir, no será una estructura orgánica cuya capacidad de evolución devenga en una y otra forma, casi aleatoria, obviando la jerarquización artificial que la cultura impone a la naturaleza, sino que generará racimos de iguales, productos consumibles, hipnotizados, anestesiados, que en el fondo comparten una misma raíz, una individualidad humana deseante, frustrada, insaciable, que la misma masa usa para compactarse en la nada, desde el punto de vista del autor.
 
Segundo. El columpio de una dualidad que se sintetiza en el no ser.

En la dicotomía muerte-vida, espíritu-materia, inconsciencia-consciencia, territorio-vacío, deseo-consumo, Estado-Capital (en términos económicos, por supuesto) hay una intensa reflexión sobre El otro. Ese que es el mismo, diría Borges, pero distinto. El que, según Lecumberri, “ha perdido su inmanencia”. ¿Su inmanencia de qué? De lo humano, se entiende. El libro comienza con una declaración ontológica: “El ser humano es sus deseos”. Y en contraposición a eso luego José Miguel nos regala sendos párrafos de una prosa poética en los que de manera muy fecunda expone la idea de que el zombie es el no deseante, porque es, entre otras cosas, el cuerpo sin espíritu (parafraseando). “… Sólo un diletantismo de la vacuidad, una ciencia de la muerte y la credulidad, un conformismo que busca la enajenación de las demás auto-conciencias”. Pero, ¿no es acaso el deseo, precisamente, lo propio del cuerpo?

Para Lecumberri, sin embargo, el deseo del Zombie es “un conjunto de singularidades amalgamadas”. Y estas singularidades las explora con la imagen de la isla. Bajo estos principios especulares, nos adentramos en una atmósfera Carroliana (me refiero al autor de Alicia en el País de las Maravillas) de ilusión conceptual, semántica y formal que, por un lado, como dice Cynthia Pech en su Anfiteatro, que antecede al texto, es un reto de escritura y de lectura; y por otro asistimos a la transformación de una voz narrativa, que es la del autor, quizás, o la de un personaje ficcional, que de manera crítica renuncia a su humanidad para convertirse en zombie, para ser congruente con la tesis de que ese es el destino de todo individuo civilizado.

Esta paradoja sí es rizomática pues el discurso emana de una conciencia sumamente autocrítica que se asimila al objeto de su crítica para ser criticado a su vez, al tiempo que actúa acríticamente, como resultado de su nueva naturaleza. Un círculo vicioso de producción y consumo. Una contradicción. 



Andrés Cisneros, jmrr y Stephanie Lamadrid
Tercero. La marabunta es una colectividad que ilumina, si no oscurece.

El texto es multívoco, lleno de intertextualidades que apelan a la filosofía social, a la psicología, a la mitología, a la ciencia, a la literatura, en un ejercicio al parecer de escritura automática que filtra todas las preocupaciones del inconsciente del autor, como lo ha venido haciendo en El matemático negro, y H1, textos que conforman las dos primeras partes de esta trilogía en la que nos queda clara la convicción de Lecumberri de que el ser humano es y está destinado a ser una nulidad. Es decir a no ser. En esta obra el personaje es un zombie en esa transición en la que desea dejar de desear para ser deseado.

Todo este entramado conceptual sirve a la literatura para metaforizar una conducta social, digamos, reciente (al menos 100 años): La de la docilidad hacia el consumo acrítico de todo lo que el aparato capitalista ofrece como sentido y propósito de vida. En torno a este ser desespiritualizado hace un repaso histórico de la escritura, desde la Epopeya de Gilgamesh hasta los intelectuales orgánicos del momento, pasando por el concepto de piedad, exilio, indigenismo, feminismo, machismo, otredad, sexualidad, salvación, mediatización, identidad, control, canibalismo, imperio, degradación, en una dialéctica de voces que va de la omnisciencia narrativa que habita el espacio teórico y poético del lenguaje, a la primera persona auto-referencial en presente que rompe el discurso con intervenciones cotidianas y domésticas del tipo: “Otro cigarro que se fuma el aire. Salgo a comprar más delincuentes. Vuelvo y despejo el escritorio. Prosigo.”




CLV Y JMRR

Cuarto. Del Cogito ergo sum al compro luego existo y viceversa.

El título Manual de Neurocirugía para Zombies es muy atractivo, pero su contenido seguramente decepcionará a más de uno, pues lejos de encontrarse con un texto, en el mejor de los casos, satírico, a la manera en que Cortázar tramó sus instrucciones, o con una serie de indicaciones quirúrgicas para enfrentar al “hito de la pandemia”, como él lo llama, uno se topa con un ensayo que gira sobre sí mismo queriendo construir un mecanismo filosófico como una torre de Jenga, cuyas inconsistencias lo derrumban constantemente. Se engolosina en la crítica y en el juicio histórico y político con un absolutismo poco real que abarata el ímpetu poético que lo anima, pues ni el sistema es todo lo malo que plantea, ni el individuo es tan imbécil como supone. Prueba de ello es, al menos, el pequeño grupo que aquí se reúne -creo. Y menos ahora cuando el consumidor es un producto altamente sofisticado, crítico y exigente, con un conocimiento profundo de sus necesidades y de lo que se ofrece para satisfacerlas. Si esto no es la mayor expresión del sujeto deseante, y al tiempo, desde la perspectiva budista, del mayor de los sufrimientos, no sé dónde encontrar otro ejemplo. Con esto quiero apuntar un primer argumento contra la tesis apocalíptica de que el destino de todo individuo civilizado es volverse zombie, y rebatir la afirmación de Cisneros de la Cruz cuando dice en su ensayo sobre el libro Manual de Neurocirugía para Zombies. Determinación y predeterminación de la muerte (asumir el destino, un tema literario) que “a diferencia de los otros textos de Lecumberri, éste trasciende la contemplación y se vuelve acción”. Sí, en lo interno, en esos ríos subterráneos que ofrece la literatura; en la ficción y el personaje omnisciente que muta en otro él; sí en el ritmo y la búsqueda de estilo que crea una musicalidad a veces tropezada, a veces tartamuda, y otras vibrante y explosiva. No en cuanto al lo exterior. Sigue, como el modelo de Escher, estático, regodeándose en la descalificación de un modelo de sociedad donde el individuo auto-regulado, como una individualidad interdependiente, y organizada sí tiene la posibilidad de crear una voz consciente. No todo está perdido, quiero pensar. Siento. Deseo.




Salvador Chávez y jmrr

Quinto. La casa del lenguaje es el seno donde se urden las conciencias.

“La escritura repara lo roto”. Esta afirmación de Lecumberri es un bálsamo que urde las tramas de los argumentos en este ensayo-poema-delirio, que a veces pareciera no tener ni pies ni cabeza. Celebro momentos de brillantes astucias literarias, como las nombraría Ricardo Garibay, (La savia de pétrea musicalidad) y lamento otros en los que la sintaxis es un fárrago cuyos retruécanos lejos de despejar las sombras e iluminar, ensordecen, oscurecen, empañan la comprensión de los conceptos, crípticos, de por sí. Me encanta la mención a la correctora de estilo, sobretodo en ese párrafo donde dice: “Sin unidad temática ni coherencia discursiva. Prosigue. Y luego dice “Este libro no tiene finalidad alguna. Es como su autor, completamente desatinado. No tiene centro ni márgenes, como el universo. Es una aleatoriedad desmedida. Prosigue”. Y uno sabe que esto, más allá de una autocrítica, es un guiño formal, un acto poético dentro del propio poema, que trasciende la doxa.


   
con asistentes a la presentación
Fuera de los títulos de los apartados en los que divide su panfleto, y lo digo en el mejor de los términos, es decir, ”Escrito breve o impreso de carácter satírico y agresivo que se utiliza como medio de combate en polémicas ideológicas o literarias o como medio de difamación”, la alusión a una técnica quirúrgica para intervenir el cerebro del ente en cuestión, es decir, el zombie, brilla por su ausencia. Es decir, más allá de la autoinmolación que acaba con el mismo personaje transformándose de víctima en verdugo no hay una propuesta, salvo la escritura misma, claro, que redima esta pandemia. ¿Acaso la conciencia?

   



José Manuel Ruiz Regil
Analista cultural, Arte Duro Gallery, Curators & Dealers.

sábado, 7 de febrero de 2015

Evocaciones de un caminante

Por Hortensia Carrasco Santos


Hortensia Carrasco, jmrr, André Cisnegro en C C Cerrojo
5 de febrero de 2015

Hacer un poema o varios cuyo tema sea la ciudad creo que tiene que ver con si se le ama o se lo odia, aunque cualquiera que sea el sentimiento, el poeta elige los versos que mejor plasman sus evocaciones. Es ahí donde comienza el viaje y es a partir del primer verso que el lector comienza a ser parte de un recorrido literario que lo hará sorprenderse porque siempre una ciudad guarda otras dentro de ella misma.

Y es que muchas veces la urbe nos expone a quedarnos perplejos ante sus maravillas o a quedarnos acongojados ante toda su fealdad; sin embargo, el hecho de que siempre exista en las grandes ciudades una situación desagradable no es una limitante para tener una visión amorosa sobre ellas.
  
Por ejemplo, Italo Calvino, en su libro Las ciudades invisibles nos muestra un acercamiento a aquellos viajes que emprendió Marco Polo y que daba cuenta a Kublai Kan, hijo de uno de los más sanguinarios gobernantes del imperio mongol. Pese a ser también un dominador del mundo el heredero de ese gran imperio escuchaba a Marco Polo con gran interés pues el viajero hablaba de ciudades maravillosas en las que a su vez parecía imposible habitar. Sin embargo, el mismo Calvino expresa que a pesar de que es cada vez más difícil vivir las ciudades no impide escribirles un poema de amor.

Por su parte el poeta Constantino Kavafis decía que “la ciudad te seguirá donde quiera que vayas” y me parece que al menos en poesía pocos son los poetas que no han hablado de la ciudad en un poema o en un libro completo.

En México, desde los tiempos prehispánicos se sabe de algunos poetas que le cantaron a sus ciudades, tal es el caso de Nezahualcoyotl, cuya sensibilidad estética lo llevó a plasmar el tema tanto en la arquitectura como en la poesía.

Tiempo después y ya en el Virreinato, Méndez Plancarte afirma que “la Nueva España matizó sus frutos con la savia y el aire nuevo de sus temas históricos o descriptivos, alusiones locales y costumbristas, mexicanismos y rasgos del naciente carácter propio de sus gentes, dando al conjunto de la poesía cierto sabor y tono mexicanos. Las loas a la ciudad de México ocupaban una parte de la poesía del siglo XVI.

La ciudad como veta escritural hace posible que surja poesía de diferentes tonalidades, es decir, según la vivencia urbana habrá poesía social, lírica, erótica, amorosa, entre otras y cuyos representantes forman parte de una lista que sería muy difícil poder citar, sin embargo podemos recordar por ejemplo a Efraín Huerta a José Emilio Pacheco, Dolores Castro, José Revueltas, Carlos Pellicer, Leopoldo Ayala, entre muchos otros.
  
Hortensia Carrasco y jmrr
Pero ahora de las que nos ocuparemos es de la poesía escrita por el poeta José Manuel Ruiz Regil, de quien hoy tengo otra vez el enorme gusto de presentar su libro titulado Testamento del caminante, editado por la editorial Versodestierro.

Vicente Quirarte ya hablaba de la capital mexicana en su ensayo Un testamento de la ciudad romántica, el cual quiero asociar con la visión cotidiana y amorosa de Regil. En el mencionado ensayo, Quirarte proporciona imágenes de la vida cotidiana a partir de algunas experiencias del poeta Manuel Acuña, quien caminó por las calles del Centro Histórico tantas veces antes de su suicidio en 1873 y cito lo siguiente:

“El 10 de diciembre de 1873, la plaza de Santo Domingo se reanima con los olores que llena el aire cuando abren sus puestos los vendedores de heno y paja, de soles y lunas de estaño”.

Eso sucedía en aquellos tiempos y en el ahora Regil, con sus poemas nos remite a otro tipo de olores, aquellos que dejan las personas que forman parte del poema Los gritones: tenemos entonces el olor del garrafón de agua electropura, del periódico, del gas, de las gorditas y peneques y de los tamales oaxaqueños.
   
Retomando el ensayo de Quirarte, este nos dice que “la ciudad que el poeta Manuel Acuña contempla, tampoco era segura, sobre todo por las noches, de hecho en octubre de 1873 se logra la captura de Jesús Arriaga, mejor conocido como Chucho el roto”.

Era otra época, sin embargo hay situaciones que son propias de la ciudad y es ahí donde el poeta tiene que comprender a esta capital a través de los vaivenes del tiempo. Regil recorre la urbe o la ur-bre como él le llama y trata de conocerla y cuidarse de no colocarla en sus poemas como mera anécdota sociológica, o preocuparse por la persecución del coloquialismo, pero sí pone atención a las trivialidades de la vida cotidiana haciendo que estás trasciendan transformadas en versos.
  
The Big Band Poet.
No obstante al poeta lo que más le interesa es el aspecto íntimo de la vivencia urbana pero también la ciudad marginal, ese arrabal que nos jala para poder convertir a todos esos animales urbanos que a diario observamos ya sea a pie, en bicicleta, descalzos o con los zapatos desgastados, en formas e imágenes literarias que darán cuenta de hechos truculentos o hechos maravillosos.

José Manuel Ruiz Regil nos hace ver que el Distrito Federal es un sitio que está saturado de automóviles, por lo que se tiene que caminar para conocerlo y vivirlo, ya no solo a golpe de calcetín sino a golpe de cayo o grieta. Cito:

“Cuando camino, mis ojos se deslumbran entre tantas raíces y mi horizonte se ofrece lejano todavía, no tengo más remedio que abrazarlo”.
  
Alberto Cerrojo y jmrr
Es muy probable que cada libro de poemas a la ciudad sea también un registro al que puedan acceder no solo los lectores para su disfrute, sino los cronistas, los historiadores y los investigadores, para de ese modo sabe cómo es la ciudad a través del tiempo y las preocupaciones, alegrías, sufrimientos, manías, desamores, de la gente que la habita.

En Testamento del caminante queda asentada una forma de vida de la ciudad de México a principios del siglo XXI, que no es igual a la del siglo XVI, tiempo en el cual la ciudad “era una niña que apenas balbuceaba”. Ahora la ciudad es “la enorme vagina que anida racimo de las especies”.
   
Arte Duro en Cerrojo
No es la misma que amó y odió Efraín Huerta, es un lugar más odiado y más querido. Tampoco es la misma ciudad que Jack Kerouac recorrió y a donde vio lo más grotesco e ínfimo de la naturaleza humana, no es ese eje central que el poeta Beat caminó bajo el influjo de las drogas y el alcohol y que después retrató en su libro Tristessa.

Esta ciudad es otra en las palabras de un caminante que se decidió a inaugurar nuevas rutas de viaje, son las evocaciones de un poeta que sabe que con todo lo que sucede en ella deberíamos odiarla, pero sabe bien que la ciudad se repite pero con otras gentes, con otros nombres, que la prostituta con quien compartió Kerouac, se ha repetido en tantos sitios, porque en la Merced, en el Eje Central, en Garibaldi, deambulan a diario las Tristessa; así como los Chucho el roto, y que mientras haya fuentes habrá niñas bañándose y mientras haya una ciudad habrá otras, muchas ciudades dentro de ella esperando que un viajero, un explorador, les cante.



Leer el comentario sobre este libro, de Adriana Tafoya, la editora, leído el 20 de agosto de 2014 en el Foro Cultural Martí. .Aquí
Leer el comentario sobre este libro, de Juan Carlos Castrillón, leído el 20 de agosto de 2014 en el Foro Cultural Martí. Aquí.