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jueves, 17 de diciembre de 2015

Los Fabuladores, de Saki



   


Esta es la historia de dos tipos de la misma calaña, que se dan a sí mismos una sopa de su propio chocolate. Desde la amabilidad más cortesana hasta la grosería más insultante, un forastero y un oriundo evaden mutuamente sus verdades para no caer en la trampa del mendigo que vive bien de recibir limosnas. A través del diálogo de los personajes nos vamos enterando de la vida de cada uno, aunque la del oriundo suene tan fantástica que ni el forastero la cree. A cada intento del forastero de embarcar al oriundo en un fraude, éste le revira una respuesta que aleja al adversario de su objetivo. Es capaz de mentir sobre mentiras para cerrarle al otro cualquier posibilidad de ataque. Finalmente, éste se da por vencido y se retira.

El cuento está basado en un refrán popular que dice que “Nunca dos que se dedican al mismo negocio estarán de acuerdo”.



sábado, 5 de diciembre de 2015

Aceite de perro, Ambrose Bierce


Para leer el cuento, da click en el título
Aceite de perro, Ambrose Bierce

   


Boffer Bings, voz narradora de esta historia es el hijo de una familia cuyo negocio se sustenta en la atracción de perros de la calle y de niños no deseados para ser eliminados y obtener un producto medicinal que se ha vuelto muy popular en la región: Aceite de perro.

Al avanzar en esta lectura del autor norteamericano, sin tener la referencia de que es uno de los autores de literatura negra más representativos del siglo XIX, seguía con incredulidad los hechos: Un padre que obtiene aceite de perro hirviendo los cuerpos en calderos para destilar su grasa y venderla a los médicos -que además la recomendaban como muy saludable a sus pacientes, quienes la conocían como Lata de Óleo-; una madre que en un taller lejano se encargaba de dar buen fin a los niños problema, y un hijo que ayudaba a sus progenitores en la limpieza de sus industrias.

Pero un accidente, la posibilidad de un encuentro de Boffer con un policía, de quienes él pensaba “que sus actos, cualquiera que sea su carácter, son provocados por los motivos más reprensibles”, lo dirigió a esconderse en la fábrica de su padre, mientras llevaba cargando el cadáver de un niño hermoso. Es aquí donde la historia da una vuelta de tuerca, pues para deshacerse del cuerpo, Bings, lo mezcla en el caldero junto con los perros que su papá estaba destilando, y según narra, este fue el evento que cambió su vida.

La historia está narrada desde el presente, es una confesión del personaje del acto que condenó a sus padres a su muerte. Pero el tono en que está escrito no muestra mayor remordimiento moral por la naturaleza de los actos, sino por la quiebra y desaparición del buen negocio que habían logrado sus padres con el ajuste a la receta del aceite, el cual se había vuelto de mucha mejor calidad a partir de la inclusión del cuerpo del niño. Esto trajo cambios en la manera de operar de los adultos, hasta que fueron reprimidos por la administración de la ciudad. Entonces viene el desenlace en el que ambos culpando al otro de su quiebra, luego de una lucha innoble, acaban hundidos en el caldero.

El lamento de Bings sorprende por su ambigüedad. Si bien los crímenes de su padre le parecían de lo más normal, por otro lado tenía conciencia de la naturaleza moral de sus actos. Sin embargo, el lamento mayor fue el de acabar con su fuente de trabajo al confesarles a sus padres lo ocurrido con el cadáver del niño, la desaparición de su entorno familiar, y una empresa prometedora.

No puedo dejar de pensar en la gran metáfora que esto entraña. No puedo ver los crímenes como actos delictivos nada más, producto de una conciencia distorsionada e insensible. He sentido, a lo largo de la lectura que este dejar en los huesos a los perros y más tarde a los humanos que se han convertido en la escoria de la sociedad es justo lo que la cultura discriminatoria e individualista en que vivimos, cuyo principal objetivo es la ganancia, por encima de la persona, ha logrado. El hambre de los marginados, la cosificación de la miseria.

De alguna manera el sistema social va excluyendo y reciclando a este sector, y para ello se necesitan trabajadores. A veces se encuentran en las filas de la administración pública y otras en el sector empresarial, cuando no colaboran estrechamente unos y otros. Esta amoralidad que persigue la eficiencia a cualquier costo retrata de manera humorística y macabra uno de los rasgos de nuestra cultura. La denuncia de Bings es mucho más que un remordimiento por un pecado cometido en la juventud.


José Manuel Ruiz Regil

miércoles, 25 de febrero de 2015

Sin anestesia, Happening en 5 movimientos



Escaleras imposibles, Escher


Por el lenguaje, que se parece a la sabiduría
El otro poema de los dones, Jorge Luis Borges
El hombre es cosa vana, variable y ondeable.

Michel de Montaigne

Primero. Crónica de un mundo creado a partir de un yo mutable.

Si tuviera que buscar una imagen visual para ejemplificar la estructura de un libro como Manual de Neurocirugía para Zombies, de José Miguel Lecumberri, editado por Inferno Ediciones, elegiría La escalera infinita, de Escher, o El triángulo imposible, pues creo que junto con el concepto Deleuziano de Rizoma, que Lecumberri toma prestado a la filosofía, es lo que mejor puede visibilizar la dinámica de posibilidades mutagénicas de los muertos en vida, pues siendo este modelo diverso, versátil y multidimensional, su desarrollo, en cualquiera de los casos, no va a ninguna parte.
  

Banda de Moebius
Pero el concepto de Rizoma no basta al autor para montar su teoría, sino que desde el inicio lo transforma, al darle una primera vuelta para convertirlo en Anti-rizoma, así como una banda de Moebius, en la que la cara superior siempre sigue siendo la cara superior, aún cuando esté debajo. Es decir, no será una estructura orgánica cuya capacidad de evolución devenga en una y otra forma, casi aleatoria, obviando la jerarquización artificial que la cultura impone a la naturaleza, sino que generará racimos de iguales, productos consumibles, hipnotizados, anestesiados, que en el fondo comparten una misma raíz, una individualidad humana deseante, frustrada, insaciable, que la misma masa usa para compactarse en la nada, desde el punto de vista del autor.
 
Segundo. El columpio de una dualidad que se sintetiza en el no ser.

En la dicotomía muerte-vida, espíritu-materia, inconsciencia-consciencia, territorio-vacío, deseo-consumo, Estado-Capital (en términos económicos, por supuesto) hay una intensa reflexión sobre El otro. Ese que es el mismo, diría Borges, pero distinto. El que, según Lecumberri, “ha perdido su inmanencia”. ¿Su inmanencia de qué? De lo humano, se entiende. El libro comienza con una declaración ontológica: “El ser humano es sus deseos”. Y en contraposición a eso luego José Miguel nos regala sendos párrafos de una prosa poética en los que de manera muy fecunda expone la idea de que el zombie es el no deseante, porque es, entre otras cosas, el cuerpo sin espíritu (parafraseando). “… Sólo un diletantismo de la vacuidad, una ciencia de la muerte y la credulidad, un conformismo que busca la enajenación de las demás auto-conciencias”. Pero, ¿no es acaso el deseo, precisamente, lo propio del cuerpo?

Para Lecumberri, sin embargo, el deseo del Zombie es “un conjunto de singularidades amalgamadas”. Y estas singularidades las explora con la imagen de la isla. Bajo estos principios especulares, nos adentramos en una atmósfera Carroliana (me refiero al autor de Alicia en el País de las Maravillas) de ilusión conceptual, semántica y formal que, por un lado, como dice Cynthia Pech en su Anfiteatro, que antecede al texto, es un reto de escritura y de lectura; y por otro asistimos a la transformación de una voz narrativa, que es la del autor, quizás, o la de un personaje ficcional, que de manera crítica renuncia a su humanidad para convertirse en zombie, para ser congruente con la tesis de que ese es el destino de todo individuo civilizado.

Esta paradoja sí es rizomática pues el discurso emana de una conciencia sumamente autocrítica que se asimila al objeto de su crítica para ser criticado a su vez, al tiempo que actúa acríticamente, como resultado de su nueva naturaleza. Un círculo vicioso de producción y consumo. Una contradicción. 



Andrés Cisneros, jmrr y Stephanie Lamadrid
Tercero. La marabunta es una colectividad que ilumina, si no oscurece.

El texto es multívoco, lleno de intertextualidades que apelan a la filosofía social, a la psicología, a la mitología, a la ciencia, a la literatura, en un ejercicio al parecer de escritura automática que filtra todas las preocupaciones del inconsciente del autor, como lo ha venido haciendo en El matemático negro, y H1, textos que conforman las dos primeras partes de esta trilogía en la que nos queda clara la convicción de Lecumberri de que el ser humano es y está destinado a ser una nulidad. Es decir a no ser. En esta obra el personaje es un zombie en esa transición en la que desea dejar de desear para ser deseado.

Todo este entramado conceptual sirve a la literatura para metaforizar una conducta social, digamos, reciente (al menos 100 años): La de la docilidad hacia el consumo acrítico de todo lo que el aparato capitalista ofrece como sentido y propósito de vida. En torno a este ser desespiritualizado hace un repaso histórico de la escritura, desde la Epopeya de Gilgamesh hasta los intelectuales orgánicos del momento, pasando por el concepto de piedad, exilio, indigenismo, feminismo, machismo, otredad, sexualidad, salvación, mediatización, identidad, control, canibalismo, imperio, degradación, en una dialéctica de voces que va de la omnisciencia narrativa que habita el espacio teórico y poético del lenguaje, a la primera persona auto-referencial en presente que rompe el discurso con intervenciones cotidianas y domésticas del tipo: “Otro cigarro que se fuma el aire. Salgo a comprar más delincuentes. Vuelvo y despejo el escritorio. Prosigo.”




CLV Y JMRR

Cuarto. Del Cogito ergo sum al compro luego existo y viceversa.

El título Manual de Neurocirugía para Zombies es muy atractivo, pero su contenido seguramente decepcionará a más de uno, pues lejos de encontrarse con un texto, en el mejor de los casos, satírico, a la manera en que Cortázar tramó sus instrucciones, o con una serie de indicaciones quirúrgicas para enfrentar al “hito de la pandemia”, como él lo llama, uno se topa con un ensayo que gira sobre sí mismo queriendo construir un mecanismo filosófico como una torre de Jenga, cuyas inconsistencias lo derrumban constantemente. Se engolosina en la crítica y en el juicio histórico y político con un absolutismo poco real que abarata el ímpetu poético que lo anima, pues ni el sistema es todo lo malo que plantea, ni el individuo es tan imbécil como supone. Prueba de ello es, al menos, el pequeño grupo que aquí se reúne -creo. Y menos ahora cuando el consumidor es un producto altamente sofisticado, crítico y exigente, con un conocimiento profundo de sus necesidades y de lo que se ofrece para satisfacerlas. Si esto no es la mayor expresión del sujeto deseante, y al tiempo, desde la perspectiva budista, del mayor de los sufrimientos, no sé dónde encontrar otro ejemplo. Con esto quiero apuntar un primer argumento contra la tesis apocalíptica de que el destino de todo individuo civilizado es volverse zombie, y rebatir la afirmación de Cisneros de la Cruz cuando dice en su ensayo sobre el libro Manual de Neurocirugía para Zombies. Determinación y predeterminación de la muerte (asumir el destino, un tema literario) que “a diferencia de los otros textos de Lecumberri, éste trasciende la contemplación y se vuelve acción”. Sí, en lo interno, en esos ríos subterráneos que ofrece la literatura; en la ficción y el personaje omnisciente que muta en otro él; sí en el ritmo y la búsqueda de estilo que crea una musicalidad a veces tropezada, a veces tartamuda, y otras vibrante y explosiva. No en cuanto al lo exterior. Sigue, como el modelo de Escher, estático, regodeándose en la descalificación de un modelo de sociedad donde el individuo auto-regulado, como una individualidad interdependiente, y organizada sí tiene la posibilidad de crear una voz consciente. No todo está perdido, quiero pensar. Siento. Deseo.




Salvador Chávez y jmrr

Quinto. La casa del lenguaje es el seno donde se urden las conciencias.

“La escritura repara lo roto”. Esta afirmación de Lecumberri es un bálsamo que urde las tramas de los argumentos en este ensayo-poema-delirio, que a veces pareciera no tener ni pies ni cabeza. Celebro momentos de brillantes astucias literarias, como las nombraría Ricardo Garibay, (La savia de pétrea musicalidad) y lamento otros en los que la sintaxis es un fárrago cuyos retruécanos lejos de despejar las sombras e iluminar, ensordecen, oscurecen, empañan la comprensión de los conceptos, crípticos, de por sí. Me encanta la mención a la correctora de estilo, sobretodo en ese párrafo donde dice: “Sin unidad temática ni coherencia discursiva. Prosigue. Y luego dice “Este libro no tiene finalidad alguna. Es como su autor, completamente desatinado. No tiene centro ni márgenes, como el universo. Es una aleatoriedad desmedida. Prosigue”. Y uno sabe que esto, más allá de una autocrítica, es un guiño formal, un acto poético dentro del propio poema, que trasciende la doxa.


   
con asistentes a la presentación
Fuera de los títulos de los apartados en los que divide su panfleto, y lo digo en el mejor de los términos, es decir, ”Escrito breve o impreso de carácter satírico y agresivo que se utiliza como medio de combate en polémicas ideológicas o literarias o como medio de difamación”, la alusión a una técnica quirúrgica para intervenir el cerebro del ente en cuestión, es decir, el zombie, brilla por su ausencia. Es decir, más allá de la autoinmolación que acaba con el mismo personaje transformándose de víctima en verdugo no hay una propuesta, salvo la escritura misma, claro, que redima esta pandemia. ¿Acaso la conciencia?

   



José Manuel Ruiz Regil
Analista cultural, Arte Duro Gallery, Curators & Dealers.

sábado, 7 de febrero de 2015

Evocaciones de un caminante

Por Hortensia Carrasco Santos


Hortensia Carrasco, jmrr, André Cisnegro en C C Cerrojo
5 de febrero de 2015

Hacer un poema o varios cuyo tema sea la ciudad creo que tiene que ver con si se le ama o se lo odia, aunque cualquiera que sea el sentimiento, el poeta elige los versos que mejor plasman sus evocaciones. Es ahí donde comienza el viaje y es a partir del primer verso que el lector comienza a ser parte de un recorrido literario que lo hará sorprenderse porque siempre una ciudad guarda otras dentro de ella misma.

Y es que muchas veces la urbe nos expone a quedarnos perplejos ante sus maravillas o a quedarnos acongojados ante toda su fealdad; sin embargo, el hecho de que siempre exista en las grandes ciudades una situación desagradable no es una limitante para tener una visión amorosa sobre ellas.
  
Por ejemplo, Italo Calvino, en su libro Las ciudades invisibles nos muestra un acercamiento a aquellos viajes que emprendió Marco Polo y que daba cuenta a Kublai Kan, hijo de uno de los más sanguinarios gobernantes del imperio mongol. Pese a ser también un dominador del mundo el heredero de ese gran imperio escuchaba a Marco Polo con gran interés pues el viajero hablaba de ciudades maravillosas en las que a su vez parecía imposible habitar. Sin embargo, el mismo Calvino expresa que a pesar de que es cada vez más difícil vivir las ciudades no impide escribirles un poema de amor.

Por su parte el poeta Constantino Kavafis decía que “la ciudad te seguirá donde quiera que vayas” y me parece que al menos en poesía pocos son los poetas que no han hablado de la ciudad en un poema o en un libro completo.

En México, desde los tiempos prehispánicos se sabe de algunos poetas que le cantaron a sus ciudades, tal es el caso de Nezahualcoyotl, cuya sensibilidad estética lo llevó a plasmar el tema tanto en la arquitectura como en la poesía.

Tiempo después y ya en el Virreinato, Méndez Plancarte afirma que “la Nueva España matizó sus frutos con la savia y el aire nuevo de sus temas históricos o descriptivos, alusiones locales y costumbristas, mexicanismos y rasgos del naciente carácter propio de sus gentes, dando al conjunto de la poesía cierto sabor y tono mexicanos. Las loas a la ciudad de México ocupaban una parte de la poesía del siglo XVI.

La ciudad como veta escritural hace posible que surja poesía de diferentes tonalidades, es decir, según la vivencia urbana habrá poesía social, lírica, erótica, amorosa, entre otras y cuyos representantes forman parte de una lista que sería muy difícil poder citar, sin embargo podemos recordar por ejemplo a Efraín Huerta a José Emilio Pacheco, Dolores Castro, José Revueltas, Carlos Pellicer, Leopoldo Ayala, entre muchos otros.
  
Hortensia Carrasco y jmrr
Pero ahora de las que nos ocuparemos es de la poesía escrita por el poeta José Manuel Ruiz Regil, de quien hoy tengo otra vez el enorme gusto de presentar su libro titulado Testamento del caminante, editado por la editorial Versodestierro.

Vicente Quirarte ya hablaba de la capital mexicana en su ensayo Un testamento de la ciudad romántica, el cual quiero asociar con la visión cotidiana y amorosa de Regil. En el mencionado ensayo, Quirarte proporciona imágenes de la vida cotidiana a partir de algunas experiencias del poeta Manuel Acuña, quien caminó por las calles del Centro Histórico tantas veces antes de su suicidio en 1873 y cito lo siguiente:

“El 10 de diciembre de 1873, la plaza de Santo Domingo se reanima con los olores que llena el aire cuando abren sus puestos los vendedores de heno y paja, de soles y lunas de estaño”.

Eso sucedía en aquellos tiempos y en el ahora Regil, con sus poemas nos remite a otro tipo de olores, aquellos que dejan las personas que forman parte del poema Los gritones: tenemos entonces el olor del garrafón de agua electropura, del periódico, del gas, de las gorditas y peneques y de los tamales oaxaqueños.
   
Retomando el ensayo de Quirarte, este nos dice que “la ciudad que el poeta Manuel Acuña contempla, tampoco era segura, sobre todo por las noches, de hecho en octubre de 1873 se logra la captura de Jesús Arriaga, mejor conocido como Chucho el roto”.

Era otra época, sin embargo hay situaciones que son propias de la ciudad y es ahí donde el poeta tiene que comprender a esta capital a través de los vaivenes del tiempo. Regil recorre la urbe o la ur-bre como él le llama y trata de conocerla y cuidarse de no colocarla en sus poemas como mera anécdota sociológica, o preocuparse por la persecución del coloquialismo, pero sí pone atención a las trivialidades de la vida cotidiana haciendo que estás trasciendan transformadas en versos.
  
The Big Band Poet.
No obstante al poeta lo que más le interesa es el aspecto íntimo de la vivencia urbana pero también la ciudad marginal, ese arrabal que nos jala para poder convertir a todos esos animales urbanos que a diario observamos ya sea a pie, en bicicleta, descalzos o con los zapatos desgastados, en formas e imágenes literarias que darán cuenta de hechos truculentos o hechos maravillosos.

José Manuel Ruiz Regil nos hace ver que el Distrito Federal es un sitio que está saturado de automóviles, por lo que se tiene que caminar para conocerlo y vivirlo, ya no solo a golpe de calcetín sino a golpe de cayo o grieta. Cito:

“Cuando camino, mis ojos se deslumbran entre tantas raíces y mi horizonte se ofrece lejano todavía, no tengo más remedio que abrazarlo”.
  
Alberto Cerrojo y jmrr
Es muy probable que cada libro de poemas a la ciudad sea también un registro al que puedan acceder no solo los lectores para su disfrute, sino los cronistas, los historiadores y los investigadores, para de ese modo sabe cómo es la ciudad a través del tiempo y las preocupaciones, alegrías, sufrimientos, manías, desamores, de la gente que la habita.

En Testamento del caminante queda asentada una forma de vida de la ciudad de México a principios del siglo XXI, que no es igual a la del siglo XVI, tiempo en el cual la ciudad “era una niña que apenas balbuceaba”. Ahora la ciudad es “la enorme vagina que anida racimo de las especies”.
   
Arte Duro en Cerrojo
No es la misma que amó y odió Efraín Huerta, es un lugar más odiado y más querido. Tampoco es la misma ciudad que Jack Kerouac recorrió y a donde vio lo más grotesco e ínfimo de la naturaleza humana, no es ese eje central que el poeta Beat caminó bajo el influjo de las drogas y el alcohol y que después retrató en su libro Tristessa.

Esta ciudad es otra en las palabras de un caminante que se decidió a inaugurar nuevas rutas de viaje, son las evocaciones de un poeta que sabe que con todo lo que sucede en ella deberíamos odiarla, pero sabe bien que la ciudad se repite pero con otras gentes, con otros nombres, que la prostituta con quien compartió Kerouac, se ha repetido en tantos sitios, porque en la Merced, en el Eje Central, en Garibaldi, deambulan a diario las Tristessa; así como los Chucho el roto, y que mientras haya fuentes habrá niñas bañándose y mientras haya una ciudad habrá otras, muchas ciudades dentro de ella esperando que un viajero, un explorador, les cante.



Leer el comentario sobre este libro, de Adriana Tafoya, la editora, leído el 20 de agosto de 2014 en el Foro Cultural Martí. .Aquí
Leer el comentario sobre este libro, de Juan Carlos Castrillón, leído el 20 de agosto de 2014 en el Foro Cultural Martí. Aquí.

jueves, 22 de enero de 2015

De mitos, origen y destino*



Edición VersodestierrO.
“El camino de los libres es el del precipicio”
Silvia Zambrano



Qué lástima que haga tanto calor este medio día, porque para leer Cinosargos, de Silvia Zambrano que presenta felizmente la editorial VersodestierrO, y disfrutar toda la carga mitológica que cada uno de sus poemas entraña, habría que cubrirse el cuerpo con una buena piel de oso, o de lobo blanco; embozarse el rostro con una piel de visón, o con una tupida barba pelirroja, mientras se escucha una danza vikinga al vapor de un vino caliente, y dejar que toda la genealogía germánica, de la zona ártica, del mar del norte, de los bosques de Noruega, Suecia, Finlandia o Dinamarca invadan los ojos y la fantasía.

Este poemario, cuyo título guarda una sonoridad canina y nos remite a la Grecia del siglo IV a.c. con Antístenes y Diógenes, a quienes la sociedad de su tiempo calificó de “perros” o “aperrados” (Kyion, perro, de ahí kynikos, cínico) por llevar al extremo su idea de libertad y desvergüenza; por llevar la ironía socrática al sarcasmo y pretender ser como tábanos, tratando de despertar a sus contemporáneos para forzarles a reflexionar, comienza contando la Historia del perro blanco (vida y mitos), donde la autora plantea una dicotomía de valores entre la luz y la oscuridad:

Para conocer el astro/ sólo deseo perderme en lo negro/
así como entre la anarquía y la estructura formal en la que la métrica elegíaca, que combina hexámetros y pentámetros según la tradición, deambula entre varias mitologías. De este modo cita con total asimilación de los mitos nórdicos las sagas Nibelungas, Artúricas, Órficas y Eleusinas como si se tratara de un álbum de estampas épicas de familia, descripciones que elogian, inquieren o recuerdan, como escenas de tapices antiguos en donde puede leerse el inframundo; anticipaciones, prefacios y conjuros; prólogos a la imaginación. Una apología épica de modernidad insospechada, pues, lo advirtió Jorge Luis Borges en Antiguas Literaturas Germánicas, (FCE, 1951) “La influencia germánica durante los primeros siglos de nuestra era es desconocida casi en absoluto para el lector de lengua española”. Esto añade, al tono del libro un elemento de rareza que lo distingue.

Como lo hicieron los Escaldos hacia el año 1000, poetas de conciencia literaria e intención creadora, que evolucionaron las formas de la poesía bajo el influjo de los celtas de Irlanda y de los latinos, combinando la asonancia y la rima con la antigua aliteración, Zambrano labra una musicalidad en sus poemas que permite al lector tomarlos como el mascarón de proa que habrá de guiarlo a puerto seguro en la armonía de su construcción y sus conceptos.
Un movimiento acecha la espesura/ es dactilado áspero hierro/ es el reptil escualo cuchillo/ que decanta ácido/ que desciende negro
Los escandinavos crearon, o desarrollaron, la cantilena épica (kvitha), el poema genealógico (tal), la canción de alabanza (drapa), las encantaciones (galdr), el poema dialogado (mal) y el cantar (liod). Y es importante recordar que sobretodo, estos poetas, los Escaldas (poetas cultos escandinavos) utilizaron como unidad poética la Kenningar, voz derivada del Noruego Kenna, que significa conocer, Kenning, nombrar. Metáforas idiosincrásicas con las que los vikingos describían la realidad. Cundieron en el año 100. Por ejemplo, para referirse a la lengua decían “espada de la boca”; El mar era el “prado de la gaviota”; la espada era la “vara de la ira”; la poesía era el “licor de Odín”, por poner unos ejemplos. Es decir, se tomaba una parte significativa que representara al todo de lo que se nombra. Con esta misma idea de construcción la poeta crea su sintaxis:

En el poema Un hoyo negro hay un ejemplo, dice: “Mira como implota la estrella/mira cómo la piedra/ se hace túnel/ puerta de caverna”.
En otras piezas encontramos imágenes como Plomo aéreo para referirse a la bala de la catapulta, Saeta de agua, Ahuja de plata o Astilla de luz, para nombrar una chispa de fuego o un cometa; en otro más Lobo albino que desciende de los neuros; en otros, El poeta de la lira, el vástago de la musa, el eremita del cielo. Incluso al usar una sola palabra como cuando dice el Estilita, el etíope o el Estagirita, el metalenguaje rebasa la alusión historiográfica para dar un nuevo significado a la imagen del verso.

Por otro lado hay que recordar que el centro estructural de la mitología nórdica está asentado en el símbolo del árbol, Yggdrasill, el fresno sagrado donde brota la vida en su dualidad complementaria. Este árbol celta cuya base contiene 9 mundos que se cruzan, se yuxtaponen, se encuentran y se desencuentran tiene 3 raíces principales: Helheim, que llega al caldero donde se origina la vida; Midgard, donde están los manantiales, y Asgard, la morada de los dioses. Pues anclado a estas tres raíces nutridas del magma cósmico está Cinosargos, y a través de su evolución crea puntos de contacto entre el inframundo, el mundo terreno y el mundo celestial. Las ramas y las hojas de Yggdrasill, silban a coro y únicas en cada poema al nombrar La colina de Tara, el Samhain, la melodía de Aillen; al guerrero Beowulf, a Grendel el dragón, al dios Dagda; a Sigfrid y a su espada Balmung, la runa de Odín o a la princesa Kriemhield haciendo un filtro de amor; Esopo, las Valkirias y un Dólmen; Arturo, Vinland, Tristán, Orlando, Baco, Dionisios, Lohengrin, entre otros.

La tercera parte del libro, Jano sueña, anunciada como un himno, sintetiza todavía más la postura cínica de Diógenes quien se proclamaba ciudadano del mundo y no de una sola ciudad, y con ese pasaporte de cinismo, Zambrano cruza las fronteras geográfico-temporales y borda una colcha de parches policromos en que los mitos se entreveran en una lectura actual y contemporánea que sintetiza y rescata los valores mítico-históricos para construir al héroe del presente, poligonal; fractal, diríamos ahora.

Cinosargos es un libro único en su género. Se distingue porque su tema es tan universal como el collage de folclor con que golpea en la cara al vacilante lector, sacudiéndole sus más oscuros arquetipos, y a la vez está escrito desde una individualidad tan personal y subjetiva, desde una lectura tan íntima de las sagas que invita a revisar los cantos fundacionales no sólo de la literatura escandinava, sino de todas las literaturas y actualizar los valores con los que construimos a los héroes –si es que aún queremos construirlos-; restallando armaduras axiológicas, para nutrir las batallas del presente, tanto con los semejantes, como con los demonios internos, lo mismo que con entidades celestiales de extraordinaria luminosidad.

Sólo heredando la lección de los cínicos podremos romper las barreras mentales que compartimentan el conocimiento y los límites de la forma para acceder a una suerte de mitología comparada y práctica, que permita al individuo de hoy, nutrirse con la posibilidad de perfección, fuerza y poder que inspire las nuevas Sagas de los próximos tiempos, pues el cambio de orden es ya inminente y no se ve en el horizonte un basamento fantástico que sustente el origen del nuevo caos.

Me llama la atención la última sección del libro titulada Haikús, pues el brinco meridiano nos cambia de tono y ritmo. Dejamos atrás las Sagas, de Sag, say, decir, para abordar otra tesitura poética cuya única afinidad que mantiene, desde mi punto de vista, es el reino de la naturaleza. Esta forma japonesa que propone cantar el instante en un instrumento medido de versos de cinco, siete y cinco sílabas construye un estanque plácido para digerir en bellas y suaves pinceladas revelaciones sutiles del ojo, como fotografías macro hechas a gran velocidad en las que se puede apreciar el instante que escapa a la mirada ordinaria, distraída.

Sin dejar de reconocer la habilidad de la autora para el manejo del Haikú, me hubiese sido más orgánico evolucionar las Kenningar a su segundo o tercer grado como sugiere el Hattatal (recuento de estrofas) de Snorri Sturlusson para mantener la unidad formal.

Bienvenido Cinosargos de Silvia Zambrano. Bienvenidos los mitos que nos expliquen de otra forma, ya no el origen del mundo y sus misterios, sino sus devenires y anhelos, como lo hace esta escalda moderna, quien declara triunfante ¡Hoy he visto el astro!


Odin
Viejo dios del norte
que camina por el bosque
solo
mirado por los silfos
oye
y en ecos reconoce que lo arrullan
los cantos de los nixos
cierra el ojo único
para buscar el descanso
que da la brisa
cíclope de conocimiento
una siesta breve
a la sombra de los tilos
(sueño de valquirias)

Pág. 35.


*José Manuel Ruiz Regil. Analista cultural.
Texto de presentación del libro Cinosargos, de Silvia Zambrano leído en la explanada del Foro Cultural José Martí el 12 de abril de 2013.
De "Historia de mis libros"

Kadish



La amante del ghetto, de Pedro Ángel Palou, Ed. Planeta.
Con el premio que gané en el 4to. Concurso de Cancionistas de El Péndulo compré, entre otros libros y una rica comida que compartí con Claudia, la novela La amante del ghetto, de Pedro Ángel Palou, la más reciente obra de este prolífico escritor, editada por Planeta. Había leído El diván del diablo y tenía muchas expectativas con respecto a ésta. Leí en internet el capítulo I de El impostor, la historia ficcionada de Paulo de Tarso, que todavía no consigo en libros de usado, y el rasero que le había puesto a este miembro de la generación del crack era bastante alto. Pero ya me había dado cuenta de que de todos, era el más accesible, comercial, sin que esto demerite la calidad de su obra; al contrario.

Tengo un compromiso generacional y afectivo con este grupo de escritores de origen común, aunque de disímbolos alcances. Al que no le he entrado es a Volpi. Ya tendré que estudiarlo poco a poco. A Ignacio Padilla lo traigo entre ceja y oreja pues además de la bella amistad que compartimos en la adolescencia, su obra, pieza a pieza me cautiva y alimenta el espíritu, sobretodo, su ensayo, por la poética de sus ideas.

A Palou lo he ido conociendo con la lealtad de un lector dispuesto al que va conquistando de maneras muy diversas. Primero lo conocí en los programas de Los alimentos terrenales, del Canal 22, que presenté en Zona Áurea, boletín quincenal de Arte Duro, luego lo he leído en artículos históricos y en sus publicaciones de Facebook, y ahora con sus novelas.

La amante del ghetto es una novela de venganza, ubicada en 1947, después de la segunda guerra mundial. Zofia Nowak es la protagonista que al salir de Auschwitz se integra a un grupo de asesinos judíos llamados Nokmim, en una operación encubierta denominada Temporada de caza, que dura poco tiempo, y en la que  tienen como misión ultimar a varios de los Sonderkommando del ghetto de Varsovia, a los que se les acusa de matar directamente a cientos de judíos en los campos de concentración. Sin embargo, el enredo moral se trensa cuando Zofia, que para efectos de esta segunda vida toma el nombre de su gemela muerta, Tania, se encuentra a Henri Tarnovski, identidad falsa de Albert Klubert, quien había sido su amante y verdugo en las barrracas, y de quien jura vengarse como parte de su lista personal de ejecuciones.

Esta historia ambientada a finales de los años cuarenta, en la resaca de la violencia y el sinsentido de la guerra maneja de manera impecable la reproducción histórica del París de posguerra, sin caer en excesos que distraigan la atención de lo importante; su ritmo cosmopolita, la dinámica social y cultural de la época, con los personajes destacados del medio artístico, político y de la moda, pues a la desolación y la banalidad se contraponen un erotismo urgente y el aprecio del instante. Así se trama la participación de Christian Dior, Balenciaga, Picasso, Camus y  Cocteau quienes no son un capricho del autor, sino que gracias a su narrativa magistral refuerzan la verosimilitud de la historia, aportando esos toques de color a la sordidez que el tema obliga.


Para ser honesto, como les decía yo venía de la experiencia de El diván del diablo, donde la atmósfera psicológica es más opresiva y la metáfora en diferentes niveles me dejó leer un discurso filosófico relacionado con la vocación, y hasta divagar metafísicamente con la imagen inspirada de la casa de los enanos, inspirada según Palou, en los dibujos de Piranessi. Y al toparme con la fluidez de diálogos y velocidad narrativa de La amante del ghetto me sentí un poco decepcionado. Incluso le comenté a mi mujer que tenía intenciones de leerla pronto para cambiarla por otra de él mismo, porque me parecía sosa. Así es que la dejé en mi buró, para enterarme dos días después de que ella, voraz lectora de este género literario, la había leído y su opinión era muy distinta a la mía.

Dejé pasar unos días en los que di prioridad a otras lecturas hasta que por fin volví a esta historia. Poco a poco fui entendiendo el juego –no soy lector de novelas, más bien de ensayos y poesía, lo que no significa que haya leído pocas-; pero línea a línea la escritura de Palou me fue dando argumentos para reconfigurar mis expectativas –como hace toda buena obra de arte- y empecé a valorar el trabajo que tenía enfrente. Esa supuesta ligereza no era más que producto de una muy depurada técnica narrativa que resulta de contar únicamente lo que hace falta contar.

Todos hemos visto cualquier cantidad de películas sobre el holocausto judío, campos de concentración, nazis y torturas. Sabemos de sobra acerca de los abusos que sufrieron los presos en las cámaras de gas, y hemos oído cientos de testimonios de sobrevivientes de Auschwitz. El escritor cuenta con ello y utiliza muy bien su oficio para contarnos los motivos y dejarnos bien claras las razones por las cuales Zofia Nowak se convierte en asesina, y los laberintos que ha de sortear para cumplir su cometido; la decisión ética que habrá de definir el resto de su vida y el dilema que vive esos últimos momentos cuando tiene encañonado a Albert Klubert esa mañana fría en la playa del Hotel de L´ile.

La amante del ghetto bien podría ser una pieza de 800 páginas llena de datos farragosos y largas disquisiciones histórico-políticas, sin embargo Palou prefiere entregarnos al personaje desnudo de macro historia y sumergirse en contar el día a día de un solo personaje, facetándolo no como un héroe ejemplar, sino como un individuo real, creíble, falible e incierto, como todos nosotros; cuya dignidad lo impele a no volver a ser víctima jamás y construir con eso el resto de sus días.

En la tradición judía un Kadish es una oración corta que se dice cuando alguien ha perdido a un ser querido. Contrario a lo que la creencia popular sostiene no es una oración para los muertos, sino para los vivos. Pronunciarla ayuda a elevar el nivel del alma del difunto y obtener mayores gracias en el mundo venidero. Esta novela adopta simbólicamente el valor ritual de esta oración y abona con sus páginas devotas a la salvación de las almas sacrificadas en la guerra. A ella se suman nuestras lecturas.

Zofia Nowak es la recuperación del sujeto libre, emancipado, ético que en verdad está en posición de elegir porque lo ha perdido todo, y por tanto tiene todo por ganar. La amante del ghetto es una novela que evoca sin contar, que cuenta sin decir, que dice sin narrar; que avanza con el diálogo y la acción de los personajes a los que vemos desfilar como si estuvieran frente a una pantalla de televisión, como en una serie; su visibilidad es total. Tiene la belleza de aquel apotegma que reza: ni más, ni menos.




De "Historia de mis libros"
José Manuel Ruiz Regil.

La laja y el pedernal

Armando Regil Velasco y 1 millón de jóvenes por México.

1 millón de jóvenes por México más que una agenda a seguir para convertir a México en un país de primer mundo de aquí al 2050, sí o sí, es una invitación a tomar por mano propia la responsabilidad de construir un país digno, donde las instituciones sean operadas por individuos éticos, congruentes, con ideales y valores trascendentes, que reviertan el proceso de empobrecimiento que ha sufrido esta nación tan rica, a lo largo de insufribles sexenios.

Armando Regil Velasco (1985) con la confianza y la garra que sólo se puede tener en la juventud, junto con su hermana Claudia Regil y un gran equipo de visionarios, han hecho una mancuerna poderosísima capaz de ennoblecer las voluntades de muchos líderes internacionales que se han sumado al gran movimiento generado por IPEA, A.C. (Instituto de Pensamiento Estratégico, A.C.), primer Think Tank mexicano, de donde, después de un arduo trabajo de investigación, análisis, discusión y estrategia ha salido esta agenda de libertad que ahora proponen: 1 milllón de jóvenes por México, músculo de la sociedad civil que da voz al sector más ignorado y valioso de esta multifacética comunidad: los cientos de miles de talentos potenciales, de líderes semilla, de cerebros y corazones, que de no tener opciones donde realizarse se pudrirán como ha sucedido a muchos, o acabarán por fugarse, como también tenemos a la mano muchos ejemplos.

Para que México deje de ser “el país donde nacimos y donde tenemos que sobrevivir” y se convierta en el mejor lugar posible es importante “sacudir las neuronas y las conciencias”, volver a la ética y revisar ya no por qué estamos mal y qué hacen los corruptos –eso lo sabemos, lo vivimos, lo sufrimos todos los días-, sino por qué y cómo podemos hacer que el lugar donde vivimos sea distinto, mejor, propicio, viable para la felicidad. Dejar de estirar la mano para ofrecerla; dejar de quejarse, para proponer; dejar la apatía, por el impulso que da la libertad de crear.

Actualmente 1 millón de jóvenes por México busca la representación en el Congreso para seguir de cerca las acciones de gobierno y tener voz en el desarrollo de las reformas estructurales que plantean una nueva faz histórica para esta nación. Es normal que el adulto promedio chispe los dientes y suspire con incredulidad ante una propuesta de esta naturaleza. Pero en realidad no somos nosotros quienes llegaremos a los puestos de influencia donde habrán de aplicarse los nuevos valores, sino ellos, los de la generación de los ochentas para acá. Lo que nos toca es promover el estado de derecho, la igualdad de oportunidades, la justicia y el respeto al individuo en cada una de nuestras acciones. Ser creativos, trabajadores y honestos y entender el sistema de mercado para entrar en el juego de la sustentabilidad. Ellos, los jóvenes de hoy –mientras lo sean, y cuando lo dejen de ser, lo mismo que nosotros- , tendrán que operar con dignidad –lo que no han hecho las generaciones anteriores- un país que si no arriba a los valores filosóficos que han permitido a otras naciones como Chile, Corea, Brasil o Colombia salir adelante, tendrá consecuencias funestas. Y ya tenemos atisbos de ello.

Acompañan las reflexiones de Armando Regil una serie de mensajes de líderes internacionales, como sabemos que ya es sello en la experiencia de este Marco Polo contemporáneo, y al mensaje que nos entregó en su primer libro La respuesta eres tú, donde incluye charlas, reflexiones y pensamientos que han podido compartir con él hombres y mujeres influyentes de diversas latitudes para que a su vez él los comparta con los jóvenes del mundo, integra aquí la opinión de James Buchanan, Premio Nobel de economía, quien luego de escuchar la propuesta de 1 millón de jóvenes por México corrigió su visión pesimista sobre la recuperación económica de México y se sumó a la voluntad de cambio del movimiento; Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, quien invita a los jóvenes a no desdeñar la política y a redescubrir el sentido trascendente de la vida, más allá del mero pasarla bien, del puro espectáculo;  Francisco Flores, Presidente de El Salvador (1999-2004); Jorge G. Castañeda, Secretario de Relaciones Exteriores (2000-2003); Colin L. Powel, Secretario de Estado de Estados Unidos ( 2001-2005); Álvaro Uribe, Presidente de Colombia (2002-2010); Haakon Magnus, Príncipe de Noruega; Lesh Walesa, Presidente de Polonia ( 1990-1995), y otros. Con todos ellos ha sabido estrechar vínculos y establecer una comunicación verdadera, esa que se necesita para crear un mundo nuevo.

Quizá a algunos les suene utópico o excesivamente moralista a ratos la propuesta (la agenda incluye un decálogo que orienta las acciones del joven de acuerdo a los valores universales), si consideramos que la humanidad está ya a más de cien años de la muerte filosófica de Dios. Pero desde entonces no nos ha ido mejor. Y ante la realidad, esta visión, si se quiere, conservadora, es una sana manera de retomar el camino. Se están llevando a cabo acciones concretas en comunidades que tal vez quedan muy lejos de nosotros, los que no estamos en el ámbito académico, político o el empresarial cupular, desde una perspectiva que quizás no sea la más popular, pero sí la más influyente -en el buen sentido-. Estos jóvenes están construyendo los acuerdos sobre los que tendrán que caminar en el futuro. Que nuestro voto de confianza sea el actuar recto y consciente de cada uno.

Habrá ajustes y la pluralidad de ideologías tendrá que hallar su cauce en el diálogo de ideas y en el respeto a la individualidad y al ser en la construcción del bien común, pero estoy seguro que 1 millón de jóvenes por México, de Armando Regil, editado por Taurus es, de alguna manera, la laja y el pedernal que urge a este pueblo para encender la chispa de conciencia que puede renovar la atmósfera de este país. Es un libro escrito con la actitud más revolucionaria que se puede tener en estos días: esperanza, ingrediente esencial del gran cambio por venir..


De "Historia de mis libros"
José Manuel Ruiz Regil.
Hablar de libros.

La vida y sus dibujos, instrucciones para a(r)mar.


La vida y sus dibujos, instrucciones para a(r)mar. Germán Dehesa.


“Cada paso que he dado en la vida ha sido como un distraído trámite entre la fragancia de un libro recién terminado y el apetito de otro por leer” GD

Cuando la desesperanza me abruma, cuando tengo ganas de morirme, rompo ese cristal que es permitido romper sólo en caso de incendio y busco un libro de Dehesa, porque inevitablemente me devuelve el fuego vital a su lugar, y atempera la llama tembeleca de incierto que amenaza con apagarse en medio de la más terrible oscuridad. No tengo claro de qué sales y aguas nutre Germán su escritura, que con mucha frecuencia al terminar de leerlo, mis ojos, antes secos por el estudio continuado y la luz refleja de la computadora, se descubren húmedos de alegría, renovados de ternura, yertos de nostalgia y una belleza indecible, que por bien dicha –dicharacha- explota en el corazón e irradia chispas de esperanza por todo el cuerpo.

La vida cotidiana, el trabajo, lo doméstico, los amigos, el futból, la política, los medios, pero sobretodo, la literatura y el pensamiento ético, profundo pero práctico, vertido en una mezcla campechana de erudición y sencillez callejera, hacen la música de este amigo de las palabras, las ideas, los autores y los libros, quien lo mismo cita a Plotino que a Habermas, a Homero que a José Alfredo Jiménez, y le echa porras a los pumas, cuando no sale de bateador emergente de los Diablos Rojos del México.

La escritura de Germán Dehesa es un buen ejemplo de la utilidad que tiene ser culto, más allá de las poses eruditas (eructitas) o los academicismos de banqueta. Su devenir, tanto hablado como escrito es un oleaje amable que acerca a la orilla de quien lo escucha o lee reliquias de nuestros orígenes puestas en charola de modernidad. Es aventurarse en el gentío de una manifestación en la que se puede uno topar con Hermes, Jano, Orestes o el político en turno para evidenciar lo profundo en una situación aparentemente trivial, y convertirla en épica. Su humanismo práctico se decanta en su palabra y se sustenta en la emoción. ¿Será por eso que al escucharlo por la radio o leerlo uno se siente tan identificado, tan convencido y tan cierto de que es posible cualquier acto poético por absurdo que parezca a primera vista?


Germán Dehesa
En La vida y sus dibujos se presenta como en tantos otros libros y artículos que escribió en los diarios: cercano, crítico, irónico y apapachón. Entreverando la vida familiar con la reflexión social y la propuesta política; la risa y el chiste con la conciencia de género y la dignidad del individuo. Refresca las formas literarias, trasvasa arquetipos en el tiempo, crea nuevos mitos. Recuerda, y al hacerlo gratifica a todos los actores de su vida: al juez, al amigo, al la institución, al lector, a la patria. Exalta y dignifica en cada oportunidad la grandeza femenina y peca a veces de falsa modestia cuando asume roma la incipiente conciencia masculina. Pero se resarce con ese enorme santoral de poetas que carga en su talega bien nutrida desde la infancia.

Este libro gira en el tiempo y la memoria en torno al infarto, los cincuenta años, las segundas nupcias y la paternidad vespertina. Esta que pareciera una edición de autor, artesanal más no por ello rústica, es un tiraje breve que salió al inicio de los noventa y que yo encontré en Sanborns. Me lo obsequiaron mis papás una noche que salieron a cenar. Llegaron a la casa con el libro encelofaneado.  Es una bella pieza ilustrada por el artista plástico Juan Sebatián Barberá, quien ha hecho retablos alegóricos de los textos, cuyos rasgos evocan algunos de los sentimientos, personajes y situaciones que se narran, si no es que rescata totalmente el sentimiento primigenio que entraña cada texto. Con su trazo muy particular dibuja las emociones, colorea los afectos, delínea los vínculos que unen palabra e imagen.

Es un libro homenaje a la vida, a lo vivido y a los vivos. Una autobiografía compartida por códigos postales que a veces quisiera revivir a los muertos. Y lo hace al hilvanar el día a día con alientos de Borges, Whitman, Arreola o Russel, Tournier, Marías, Vargas Llosa, de quienes va dejando aromas como migajas de pan en el camino para que uno las recoja y vaya tras el pastel completo que él ya digirió.

Debo en mucho mi amor a los libros a su consejo, a su pasión y amor por las ideas. A los revires humorosos con los que afianzaba su amistad con Alejandro Aura. El subtítulo del libro lo describe entero “instrucciones para a(r)mar”. Este juego poético en el que se arma el amor es la constante en cada uno de los textos, pues parafraseándolo malamente, diría que si todo lo que hacemos no sirve para amar entonces nada sirve. (“Quien no tiene tiempo para el amor no merece el amor, ni es digno del tiempo” GD).

Paternidad, matrimonio, divorcio, elecciones, futból, comida, enfermedad, antojos, educación, política, cursilería, chacota, mitología, nostalgia, burocracia, poesía, gramática, consultoría empresarial, todo, en un largo carrete de hilo de seda con el que teje una red de certezas inciertas, esas que colecciona un hombre que se sabe finito y camina hacia el abismo, al tiempo que rescata y hereda siglos de saberes y sabores con los que aliña la cruda y refrescante ensalada de la vida, y la comparte.


De "Historia de mis libros"
José Manuel Ruiz Regil

¿Quién se ha llevado mi queso?



Elegí este libro para comentar en el taller porque me parece que la reflexión sobre el cambio en un momento tan vertiginosamente caótico como el que vivimos actualmente, es esencial. La historia de ¿Quién se ha robado mi queso? es una metáfora del tipo de actitudes que los seres humanos adoptamos ante la amenaza de un cambio, ante la posibilidad de tener que modificar los hábitos, las rutinas y patrones de conducta que nos han llevado hasta un punto determinado de satisfacción, pero que no necesariamente van a ser permanentes; es un recordatorio de que la vida, ese “laberinto” que se transforma constantemente, está lleno de pasadizos y túneles secretos que a veces hay que atreverse a explorar.

El corazón de ¿Quién se ha robado mi queso? es una fábula en la que participan dos ratones, “Fisgón” y “Escurridizo”, y dos hombrecillos, los Liliputienses “Hem” y “Haw”. Nótese el simbolismo que entrañan los nombres, sobretodo de estos últimos, en cuanto a su actitud. “Hem”, es una especie de onomatopeya dubitativa, mientras que “Haw” es el homófono de How, cómo, en español. El nombre de los ratones es completamente explicito. Lo cual tambén es una forma auto-referencial de evidenciar los mundos de cada uno. Estos cuatro caracteres reflejan las respuestas básicas de la mayoría de las personas frente a la necesidad de cambio: resistirse por miedo a algo peor, aprender a adaptarse cuando se comprende que éste puede conducir a algo mejor, detectarlo pronto y finalmente apresurarse hacia la acción.

Este libro ha sido un “Best Seller” internacional en el ámbito del capital humano en las empresas, desde su primera edición en 1998, por G. P. Putman Sons. De hecho, la contraportada reúne algunos testimonios de empresarios destacados a quienes este sencillo libro les permitió introducir mejoras importantísimas en su gestión. “Quién se ha llevado mi queso? será utilizado en todos nuestros programas de formación porque crea un lenguaje para hablar del riesgo y el cambio en un tono más ameno. Su mensaje es claro”. Sally Grumbles, BellSouth. Además, su autor, el Licenciado en Psicología y Doctor en Medicina, Spencer Johnson es reconocido mundialmente por sus otros libros, que ya son unos clásicos de la literatura como el manual de dirección empresarial El ejecutivo al minuto, escrito en colaboración con Kenneth Blanchard y El vendedor al minuto, El minuto instantáneo. Sí o no: guía práctica para tomar mejores decisiones.

El libro está estructurado en tres partes, la primera describe una reunión de viejos amigos de la universidad, quienes comentan acerca de sus experiencias laborales. Uno de ellos les cuenta que escuchó una narración que, literalmente, le cambió la vida. Esto funciona a manera de preámbulo, pues la fábula se desarrolla en la segunda parte. La tercera y última sirve de corolario en el que los mismos personajes de la primera dan sus impresiones sobre el relato. Esta es una forma eficaz que utiliza el autor para asegurarse de que su mensaje quede claro (te aviso lo que te voy a contar, te lo cuento y luego te platico lo que te conté) quizás, sea un poco redundante para algunos, pero de que funciona, funciona. El diseño de portada de Alberto Cano se ha vuelto clásico de esta colección Empresa XXI en México, donde podemos encontrar otros títulos de similar interés, como El millonario instantáneo, de Mark Fisher, o La paradoja, un relato sobre la verdadera esencia del liderazgo, de James C. Hunter.

En un inmenso y complicado laberinto lleno de pasadizos, callejones sin salida, quiebres, puentes y estancias obscuras, dos ratones y dos pequeños hombrecillos andan en busca de “su queso”. Eventualmente, lo encuentran y se dedican a comer y a pasarla bien, sin preocuparse por nada más. Al paso del tiempo el queso desaparece. Los ratones, al ver que se han quedado sin su fuente única de sustento, salen corriendo de inmediato a buscar Queso Nuevo. Pero los hombrecillos, agobiados por sus razonamientos y sus sentimientos, se enrollan buscando las razones de la desaparición y especulando acerca del paradero del queso, culpándose a sí mismos y al otro, y abrigando la esperanza de que tarde o temprano el queso volverá, pues entre las muchas explicaciones que se dan, una de ellas es la de “no puede estarme pasando esto a mí. Debe ser un error”. El caso es que al poco rato los ratones encuentran Queso Nuevo, en otra de las recámaras del laberinto, mientras que los Liliputienses comienzan a desfallecer de hambre, y siguen discutiendo y tratando de darse explicaciones. De pronto, uno de ellos se da cuenta del gran ridículo que han estado haciendo buscando obcecadamente algo que a todas luces ya no hay, repitiendo rutinas que hoy por hoy ya no responden a la realidad, y rompe a reír. Entonces, decide salir a buscar nuevo queso y lo encuentra después de algunos fracasos. Sin embargo, el otro compañero sigue aferrado al pensamiento mágico de que si sigue esforzándose en ir a buscar el queso a donde había, eventualmente, éste aparecerá. El hombrecillo que ha encontrado Queso Nuevo se empeña en convencer a su compañero de que hay queso en otro lado, trata de compartirle la idea de esa nueva realidad, pero no logra transmitirle la visión. Hasta que comprende que no puede forzarlo a creer, y que tendrá que ser hasta que él se desapegue de la idea del primer queso que podrá albergar la imagen del Queso Nuevo que ha de buscar. Hay una pregunta esencial en medio de todo esto: ¿Qué harías si no tuvieras miedo?”

Esta sencilla metáfora es la historia de nosotros mismos ante lo que queremos. El queso representa aquello que buscamos: dinero, reconocimiento, amor, éxito, sabiduría, etc. Muchas veces lo alcanzamos, utilizando determinadas estrategias y nos acomodamos ahí, sin pensar que a la mañana siguiente todo lo que hicimos para lograrlo ya no es suficiente para mantenerlo, y hay que cambiar. Una de las ideas esenciales de esta metáfora es que el queso siempre se está moviendo. Es decir, aquello que creemos que es la fuente de nuestra felicidad siempre está cambiando, por lo tanto tenemos que cambiar nosotros también, asumir que un poco de incertidumbre y adaptación son ingredientes esenciales de la vida.

No recuerdo bien cómo llegó este libro a mis manos, pero por la etiqueta que tiene en la esquina superior derecha con el logo de Sanborns y el precio de $95.00 presumo que lo compré en esa tienda por ahí del 2006-2007, cuando trabajaba como consultor en Caliper Estrategias Humanas de México. Hoy forma parte del pequeño apartado de literatura de gestión empresarial que me enorgullezco mucho en tener, gracias a la orientación de mi querido cuñado Eduardo Castellanos.
De “Historia de mis libros”
José Manuel Ruiz Regil