jueves, 22 de enero de 2015

Kadish



La amante del ghetto, de Pedro Ángel Palou, Ed. Planeta.
Con el premio que gané en el 4to. Concurso de Cancionistas de El Péndulo compré, entre otros libros y una rica comida que compartí con Claudia, la novela La amante del ghetto, de Pedro Ángel Palou, la más reciente obra de este prolífico escritor, editada por Planeta. Había leído El diván del diablo y tenía muchas expectativas con respecto a ésta. Leí en internet el capítulo I de El impostor, la historia ficcionada de Paulo de Tarso, que todavía no consigo en libros de usado, y el rasero que le había puesto a este miembro de la generación del crack era bastante alto. Pero ya me había dado cuenta de que de todos, era el más accesible, comercial, sin que esto demerite la calidad de su obra; al contrario.

Tengo un compromiso generacional y afectivo con este grupo de escritores de origen común, aunque de disímbolos alcances. Al que no le he entrado es a Volpi. Ya tendré que estudiarlo poco a poco. A Ignacio Padilla lo traigo entre ceja y oreja pues además de la bella amistad que compartimos en la adolescencia, su obra, pieza a pieza me cautiva y alimenta el espíritu, sobretodo, su ensayo, por la poética de sus ideas.

A Palou lo he ido conociendo con la lealtad de un lector dispuesto al que va conquistando de maneras muy diversas. Primero lo conocí en los programas de Los alimentos terrenales, del Canal 22, que presenté en Zona Áurea, boletín quincenal de Arte Duro, luego lo he leído en artículos históricos y en sus publicaciones de Facebook, y ahora con sus novelas.

La amante del ghetto es una novela de venganza, ubicada en 1947, después de la segunda guerra mundial. Zofia Nowak es la protagonista que al salir de Auschwitz se integra a un grupo de asesinos judíos llamados Nokmim, en una operación encubierta denominada Temporada de caza, que dura poco tiempo, y en la que  tienen como misión ultimar a varios de los Sonderkommando del ghetto de Varsovia, a los que se les acusa de matar directamente a cientos de judíos en los campos de concentración. Sin embargo, el enredo moral se trensa cuando Zofia, que para efectos de esta segunda vida toma el nombre de su gemela muerta, Tania, se encuentra a Henri Tarnovski, identidad falsa de Albert Klubert, quien había sido su amante y verdugo en las barrracas, y de quien jura vengarse como parte de su lista personal de ejecuciones.

Esta historia ambientada a finales de los años cuarenta, en la resaca de la violencia y el sinsentido de la guerra maneja de manera impecable la reproducción histórica del París de posguerra, sin caer en excesos que distraigan la atención de lo importante; su ritmo cosmopolita, la dinámica social y cultural de la época, con los personajes destacados del medio artístico, político y de la moda, pues a la desolación y la banalidad se contraponen un erotismo urgente y el aprecio del instante. Así se trama la participación de Christian Dior, Balenciaga, Picasso, Camus y  Cocteau quienes no son un capricho del autor, sino que gracias a su narrativa magistral refuerzan la verosimilitud de la historia, aportando esos toques de color a la sordidez que el tema obliga.


Para ser honesto, como les decía yo venía de la experiencia de El diván del diablo, donde la atmósfera psicológica es más opresiva y la metáfora en diferentes niveles me dejó leer un discurso filosófico relacionado con la vocación, y hasta divagar metafísicamente con la imagen inspirada de la casa de los enanos, inspirada según Palou, en los dibujos de Piranessi. Y al toparme con la fluidez de diálogos y velocidad narrativa de La amante del ghetto me sentí un poco decepcionado. Incluso le comenté a mi mujer que tenía intenciones de leerla pronto para cambiarla por otra de él mismo, porque me parecía sosa. Así es que la dejé en mi buró, para enterarme dos días después de que ella, voraz lectora de este género literario, la había leído y su opinión era muy distinta a la mía.

Dejé pasar unos días en los que di prioridad a otras lecturas hasta que por fin volví a esta historia. Poco a poco fui entendiendo el juego –no soy lector de novelas, más bien de ensayos y poesía, lo que no significa que haya leído pocas-; pero línea a línea la escritura de Palou me fue dando argumentos para reconfigurar mis expectativas –como hace toda buena obra de arte- y empecé a valorar el trabajo que tenía enfrente. Esa supuesta ligereza no era más que producto de una muy depurada técnica narrativa que resulta de contar únicamente lo que hace falta contar.

Todos hemos visto cualquier cantidad de películas sobre el holocausto judío, campos de concentración, nazis y torturas. Sabemos de sobra acerca de los abusos que sufrieron los presos en las cámaras de gas, y hemos oído cientos de testimonios de sobrevivientes de Auschwitz. El escritor cuenta con ello y utiliza muy bien su oficio para contarnos los motivos y dejarnos bien claras las razones por las cuales Zofia Nowak se convierte en asesina, y los laberintos que ha de sortear para cumplir su cometido; la decisión ética que habrá de definir el resto de su vida y el dilema que vive esos últimos momentos cuando tiene encañonado a Albert Klubert esa mañana fría en la playa del Hotel de L´ile.

La amante del ghetto bien podría ser una pieza de 800 páginas llena de datos farragosos y largas disquisiciones histórico-políticas, sin embargo Palou prefiere entregarnos al personaje desnudo de macro historia y sumergirse en contar el día a día de un solo personaje, facetándolo no como un héroe ejemplar, sino como un individuo real, creíble, falible e incierto, como todos nosotros; cuya dignidad lo impele a no volver a ser víctima jamás y construir con eso el resto de sus días.

En la tradición judía un Kadish es una oración corta que se dice cuando alguien ha perdido a un ser querido. Contrario a lo que la creencia popular sostiene no es una oración para los muertos, sino para los vivos. Pronunciarla ayuda a elevar el nivel del alma del difunto y obtener mayores gracias en el mundo venidero. Esta novela adopta simbólicamente el valor ritual de esta oración y abona con sus páginas devotas a la salvación de las almas sacrificadas en la guerra. A ella se suman nuestras lecturas.

Zofia Nowak es la recuperación del sujeto libre, emancipado, ético que en verdad está en posición de elegir porque lo ha perdido todo, y por tanto tiene todo por ganar. La amante del ghetto es una novela que evoca sin contar, que cuenta sin decir, que dice sin narrar; que avanza con el diálogo y la acción de los personajes a los que vemos desfilar como si estuvieran frente a una pantalla de televisión, como en una serie; su visibilidad es total. Tiene la belleza de aquel apotegma que reza: ni más, ni menos.




De "Historia de mis libros"
José Manuel Ruiz Regil.

La laja y el pedernal

Armando Regil Velasco y 1 millón de jóvenes por México.

1 millón de jóvenes por México más que una agenda a seguir para convertir a México en un país de primer mundo de aquí al 2050, sí o sí, es una invitación a tomar por mano propia la responsabilidad de construir un país digno, donde las instituciones sean operadas por individuos éticos, congruentes, con ideales y valores trascendentes, que reviertan el proceso de empobrecimiento que ha sufrido esta nación tan rica, a lo largo de insufribles sexenios.

Armando Regil Velasco (1985) con la confianza y la garra que sólo se puede tener en la juventud, junto con su hermana Claudia Regil y un gran equipo de visionarios, han hecho una mancuerna poderosísima capaz de ennoblecer las voluntades de muchos líderes internacionales que se han sumado al gran movimiento generado por IPEA, A.C. (Instituto de Pensamiento Estratégico, A.C.), primer Think Tank mexicano, de donde, después de un arduo trabajo de investigación, análisis, discusión y estrategia ha salido esta agenda de libertad que ahora proponen: 1 milllón de jóvenes por México, músculo de la sociedad civil que da voz al sector más ignorado y valioso de esta multifacética comunidad: los cientos de miles de talentos potenciales, de líderes semilla, de cerebros y corazones, que de no tener opciones donde realizarse se pudrirán como ha sucedido a muchos, o acabarán por fugarse, como también tenemos a la mano muchos ejemplos.

Para que México deje de ser “el país donde nacimos y donde tenemos que sobrevivir” y se convierta en el mejor lugar posible es importante “sacudir las neuronas y las conciencias”, volver a la ética y revisar ya no por qué estamos mal y qué hacen los corruptos –eso lo sabemos, lo vivimos, lo sufrimos todos los días-, sino por qué y cómo podemos hacer que el lugar donde vivimos sea distinto, mejor, propicio, viable para la felicidad. Dejar de estirar la mano para ofrecerla; dejar de quejarse, para proponer; dejar la apatía, por el impulso que da la libertad de crear.

Actualmente 1 millón de jóvenes por México busca la representación en el Congreso para seguir de cerca las acciones de gobierno y tener voz en el desarrollo de las reformas estructurales que plantean una nueva faz histórica para esta nación. Es normal que el adulto promedio chispe los dientes y suspire con incredulidad ante una propuesta de esta naturaleza. Pero en realidad no somos nosotros quienes llegaremos a los puestos de influencia donde habrán de aplicarse los nuevos valores, sino ellos, los de la generación de los ochentas para acá. Lo que nos toca es promover el estado de derecho, la igualdad de oportunidades, la justicia y el respeto al individuo en cada una de nuestras acciones. Ser creativos, trabajadores y honestos y entender el sistema de mercado para entrar en el juego de la sustentabilidad. Ellos, los jóvenes de hoy –mientras lo sean, y cuando lo dejen de ser, lo mismo que nosotros- , tendrán que operar con dignidad –lo que no han hecho las generaciones anteriores- un país que si no arriba a los valores filosóficos que han permitido a otras naciones como Chile, Corea, Brasil o Colombia salir adelante, tendrá consecuencias funestas. Y ya tenemos atisbos de ello.

Acompañan las reflexiones de Armando Regil una serie de mensajes de líderes internacionales, como sabemos que ya es sello en la experiencia de este Marco Polo contemporáneo, y al mensaje que nos entregó en su primer libro La respuesta eres tú, donde incluye charlas, reflexiones y pensamientos que han podido compartir con él hombres y mujeres influyentes de diversas latitudes para que a su vez él los comparta con los jóvenes del mundo, integra aquí la opinión de James Buchanan, Premio Nobel de economía, quien luego de escuchar la propuesta de 1 millón de jóvenes por México corrigió su visión pesimista sobre la recuperación económica de México y se sumó a la voluntad de cambio del movimiento; Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, quien invita a los jóvenes a no desdeñar la política y a redescubrir el sentido trascendente de la vida, más allá del mero pasarla bien, del puro espectáculo;  Francisco Flores, Presidente de El Salvador (1999-2004); Jorge G. Castañeda, Secretario de Relaciones Exteriores (2000-2003); Colin L. Powel, Secretario de Estado de Estados Unidos ( 2001-2005); Álvaro Uribe, Presidente de Colombia (2002-2010); Haakon Magnus, Príncipe de Noruega; Lesh Walesa, Presidente de Polonia ( 1990-1995), y otros. Con todos ellos ha sabido estrechar vínculos y establecer una comunicación verdadera, esa que se necesita para crear un mundo nuevo.

Quizá a algunos les suene utópico o excesivamente moralista a ratos la propuesta (la agenda incluye un decálogo que orienta las acciones del joven de acuerdo a los valores universales), si consideramos que la humanidad está ya a más de cien años de la muerte filosófica de Dios. Pero desde entonces no nos ha ido mejor. Y ante la realidad, esta visión, si se quiere, conservadora, es una sana manera de retomar el camino. Se están llevando a cabo acciones concretas en comunidades que tal vez quedan muy lejos de nosotros, los que no estamos en el ámbito académico, político o el empresarial cupular, desde una perspectiva que quizás no sea la más popular, pero sí la más influyente -en el buen sentido-. Estos jóvenes están construyendo los acuerdos sobre los que tendrán que caminar en el futuro. Que nuestro voto de confianza sea el actuar recto y consciente de cada uno.

Habrá ajustes y la pluralidad de ideologías tendrá que hallar su cauce en el diálogo de ideas y en el respeto a la individualidad y al ser en la construcción del bien común, pero estoy seguro que 1 millón de jóvenes por México, de Armando Regileditado por Taurus es, de alguna manera, la laja y el pedernal que urge a este pueblo para encender la chispa de conciencia que puede renovar la atmósfera de este país. Es un libro escrito con la actitud más revolucionaria que se puede tener en estos días: esperanza, ingrediente esencial del gran cambio por venir..


De "Historia de mis libros"
José Manuel Ruiz Regil.
Hablar de libros.

El poder del ahora

Eckhart Tolle.
El poder del ahora, del maestro espiritual Eckhart Tolle, editado por Gaia, es un libro sumamente confrontador, pues su misión es hacernos entender que todo aquello que llamamos realidad es mera percepción. Y que ésta depende mucho de la identidad que hayamos creado –ego- con el cuerpo-dolor; y que no podremos dejar de sufrir y estar angustiados a menos de que cultivemos el estado de presencia que nos libera del tiempo, a través de la creación del testigo observante que genera la práctica de la meditación. Y que cuando logremos eso, cuando seamos el árbol y no quien observa el árbol, entonces nos habremos fundido con el todo y seremos parte de la unidad de donde brota la paz verdadera y la felicidad suprema. 

¿Suena bien, no? Claro, es la promesa del Nirvana apetecido. Pero qué lejos estamos de siquiera acercarnos por un instante a esa totalidad. Los valores culturales de la sociedad favorecen, precisamente, todo lo contrario. Nos invitan a creer que somos únicos, distintos y separados del mundo, y refuerzan nuestras creencias alimentando las condiciones que el cuerpo-dolor fabrica para seguir en el círculo vicioso del sufrimiento. 

Dice, el autor en algún momento. “No le des tiempo al dolor”. Refiriéndose a que si nos salimos del estado de presencia –de la conciencia del aquí y ahora- viajamos al pasado o al futuro y respondemos al presente desde una realidad equivocada. Desde el recuerdo de lo vivido o desde la proyección de lo que aún no sucede. Esta, por decirlo así, esquizofrenia temporal nos tiene perturbados y fascinados a la vez.

“Ser incapaz de dejar de pensar es una enfermedad terrible, pero no nos damos cuenta de ella porque casi todo el mundo la sufre y se considera algo normal”. Esta es una declaración muy fuerte que hace el maestro Tolle. “La iluminación es un estado de totalidad en el que estás unificado y por lo tanto estás en paz. Eres uno con la vida en su aspecto manifestado –el mundo- y también con el yo profundo y la vida no manifestada; eres uno con el Ser. La iluminación es el final del sufrimiento y del conflicto continuo, tanto interno como externo, pero además es el final de la horrible esclavitud que produce el pensamiento incesante. ¡Eso es una liberación increíble!”

Todos estos conceptos, a partir de la desmitificación de ciertas ideas que pareciera premisas incuestionables en nuestra sociedad -como que la humanidad ha alcanzado el punto más alto de su desarrollo, o que estamos completamente separados unos de otros, de la naturaleza y del cosmos, o que el mundo físico es todo lo que hay- son desarrollados minuciosamente a lo largo de diez capítulos en los que hace énfasis en algunas ideas básicas como la de conceptualizar que no somos la mente, que es necesario salir del dolor, que hay que crear el estado de presencia, entre otras cosas para trascender el tiempo y establecer una relación más sana con el mundo manifestado.

A lo largo de este ensayo el maestro Eckhart Tolle va sumando conceptos que uno puede ir llevando a la práctica en este largo camino del despertar de la conciencia.

“La emoción surge en el punto donde cuerpo y mente se encuentran. Es la reacción del cuerpo a la mente o, dicho de otra forma, el reflejo de la mente en el cuerpo”. Por ello sugiere observar lo que el cuerpo siente, la reacción que el yo manifiesta ante un estímulo determinado, para empezar a discernir lo que es uno de lo que es un reflejo de la identificación que tenemos de lo que uno es.

“Si te ves arrastrado a la identificación inconsciente con la emoción por tu falta de presencia, lo cual es normal, la emoción se convierte temporalmente en ti. A menudo se crea un círculo vicioso entre el pensamiento y la emoción que se nutren mutuamente. El patrón de pensamiento crea un reflejo agrandado de sí mismo en forma de emoción y la frecuencia vibratoria de la emoción alimenta el patrón de pensamiento original. Volviendo mentalmente a la situación, suceso o persona que percibes como causas de la emoción, el pensamiento alimenta la emoción, que a su vez energetiza el patrón de pensamiento, y así sucesivamente”.

El estado de presencia es quizás ese espacio que experimenta el artista, cuando hace de su trabajo un acto sagrado, y haciendo a un lado todo su bagaje cultural y perceptivo, se abandona por completo a la creación y se funde con el ahora, de donde extrae un testimonio que llamamos pieza artística. Quien lo ha experimentado sabe que esto funciona así. Puede ser al momento de dibujar, cantar, bailar, escribir, o realizar cualquier otra actividad en la que sucede el contacto con el ahora. Hay cosas que uno hace que sabe que las hizo porque fue testigo de ellas, mas no se explica cómo sucedieron –a pesar de saber cómo hacerlas. Comenta el autor que esta adicción a la adrenalina del instante es quizás, la razón por la cual muchos deportistas extremos se aficionan tanto a su disciplina, pues una distracción en un momento determinado puede costarles la vida. Por eso, aprender a morir en vida para vivir mejor es otro de los temas que aborda en este apasionante ensayo que da sentido de trascendencia a muchas de las prácticas y terapias que se difunden actualmente en el amplio panorama del turismo espiritual.

“Como vivimos en una cultura totalmente dominada por la mente, la mayor parte de las obras artísticas, arquitectónicas, musicales y literarias no tienen belleza ni esencia interna, aunque hay algunas excepciones. La causa de este estado de cosas es que los autores no pueden liberarse de su mente ni por un momento. Por eso nunca llegan a estar en contacto con ese lugar interno de donde surgen la belleza y la verdadera creatividad. Dejada a sí misma, la mente crea monstruosidades, y no sólo en las galerías de arte. Observa nuestros paisajes urbanos y nuestros páramos industriales”.


Si la realidad es reflejo de nuestra mente, es obvio que estamos pensando mal. Recordemos la serie de dibujos de Goya titulados caprichos, en donde en uno de ellos se ve al hombre dormido sobre sus brazos recargado en una mesa, y una leyenda que dice “El sueño de la razón produce monstruos”; atendamos al llamado del maestro de Jodorowsky, Ejo Takata: “Intelectual, aprende a morir”. Penetremos en el misterio del Ser como es y de las cosas como son, sin el filtro de la identidad que nos separa del todo. Seguramente, tendremos muchos tropiezos, pero recordar los principios que aquí se exponen, puede conducirnos nuevamente al estado de atención constante que merece la búsqueda y la construcción de la felicidad. 

   
De "Historia de mis libros"
José Manuel Ruiz Regil

La vida y sus dibujos, instrucciones para a(r)mar.


La vida y sus dibujos, instrucciones para a(r)mar. Germán Dehesa.


“Cada paso que he dado en la vida ha sido como un distraído trámite entre la fragancia de un libro recién terminado y el apetito de otro por leer” GD

Cuando la desesperanza me abruma, cuando tengo ganas de morirme, rompo ese cristal que es permitido romper sólo en caso de incendio y busco un libro de Dehesa, porque inevitablemente me devuelve el fuego vital a su lugar, y atempera la llama tembeleca de incierto que amenaza con apagarse en medio de la más terrible oscuridad. No tengo claro de qué sales y aguas nutre Germán su escritura, que con mucha frecuencia al terminar de leerlo, mis ojos, antes secos por el estudio continuado y la luz refleja de la computadora, se descubren húmedos de alegría, renovados de ternura, yertos de nostalgia y una belleza indecible, que por bien dicha –dicharacha- explota en el corazón e irradia chispas de esperanza por todo el cuerpo.

La vida cotidiana, el trabajo, lo doméstico, los amigos, el futból, la política, los medios, pero sobretodo, la literatura y el pensamiento ético, profundo pero práctico, vertido en una mezcla campechana de erudición y sencillez callejera, hacen la música de este amigo de las palabras, las ideas, los autores y los libros, quien lo mismo cita a Plotino que a Habermas, a Homero que a José Alfredo Jiménez, y le echa porras a los pumas, cuando no sale de bateador emergente de los Diablos Rojos del México.

La escritura de Germán Dehesa es un buen ejemplo de la utilidad que tiene ser culto, más allá de las poses eruditas (eructitas) o los academicismos de banqueta. Su devenir, tanto hablado como escrito es un oleaje amable que acerca a la orilla de quien lo escucha o lee reliquias de nuestros orígenes puestas en charola de modernidad. Es aventurarse en el gentío de una manifestación en la que se puede uno topar con Hermes, Jano, Orestes o el político en turno para evidenciar lo profundo en una situación aparentemente trivial, y convertirla en épica. Su humanismo práctico se decanta en su palabra y se sustenta en la emoción. ¿Será por eso que al escucharlo por la radio o leerlo uno se siente tan identificado, tan convencido y tan cierto de que es posible cualquier acto poético por absurdo que parezca a primera vista?


Germán Dehesa
En La vida y sus dibujos se presenta como en tantos otros libros y artículos que escribió en los diarios: cercano, crítico, irónico y apapachón. Entreverando la vida familiar con la reflexión social y la propuesta política; la risa y el chiste con la conciencia de género y la dignidad del individuo. Refresca las formas literarias, trasvasa arquetipos en el tiempo, crea nuevos mitos. Recuerda, y al hacerlo gratifica a todos los actores de su vida: al juez, al amigo, al la institución, al lector, a la patria. Exalta y dignifica en cada oportunidad la grandeza femenina y peca a veces de falsa modestia cuando asume roma la incipiente conciencia masculina. Pero se resarce con ese enorme santoral de poetas que carga en su talega bien nutrida desde la infancia.

Este libro gira en el tiempo y la memoria en torno al infarto, los cincuenta años, las segundas nupcias y la paternidad vespertina. Esta que pareciera una edición de autor, artesanal más no por ello rústica, es un tiraje breve que salió al inicio de los noventa y que yo encontré en Sanborns. Me lo obsequiaron mis papás una noche que salieron a cenar. Llegaron a la casa con el libro encelofaneado.  Es una bella pieza ilustrada por el artista plástico Juan Sebatián Barberá, quien ha hecho retablos alegóricos de los textos, cuyos rasgos evocan algunos de los sentimientos, personajes y situaciones que se narran, si no es que rescata totalmente el sentimiento primigenio que entraña cada texto. Con su trazo muy particular dibuja las emociones, colorea los afectos, delínea los vínculos que unen palabra e imagen.

Es un libro homenaje a la vida, a lo vivido y a los vivos. Una autobiografía compartida por códigos postales que a veces quisiera revivir a los muertos. Y lo hace al hilvanar el día a día con alientos de Borges, Whitman, Arreola o Russel, Tournier, Marías, Vargas Llosa, de quienes va dejando aromas como migajas de pan en el camino para que uno las recoja y vaya tras el pastel completo que él ya digirió.

Debo en mucho mi amor a los libros a su consejo, a su pasión y amor por las ideas. A los revires humorosos con los que afianzaba su amistad con Alejandro Aura. El subtítulo del libro lo describe entero “instrucciones para a(r)mar”. Este juego poético en el que se arma el amor es la constante en cada uno de los textos, pues parafraseándolo malamente, diría que si todo lo que hacemos no sirve para amar entonces nada sirve. (“Quien no tiene tiempo para el amor no merece el amor, ni es digno del tiempo” GD).

Paternidad, matrimonio, divorcio, elecciones, futból, comida, enfermedad, antojos, educación, política, cursilería, chacota, mitología, nostalgia, burocracia, poesía, gramática, consultoría empresarial, todo, en un largo carrete de hilo de seda con el que teje una red de certezas inciertas, esas que colecciona un hombre que se sabe finito y camina hacia el abismo, al tiempo que rescata y hereda siglos de saberes y sabores con los que aliña la cruda y refrescante ensalada de la vida, y la comparte.


De "Historia de mis libros"
José Manuel Ruiz Regil

¿Quién se ha llevado mi queso?



Elegí este libro para comentar en el taller porque me parece que la reflexión sobre el cambio en un momento tan vertiginosamente caótico como el que vivimos actualmente, es esencial. La historia de ¿Quién se ha robado mi queso? es una metáfora del tipo de actitudes que los seres humanos adoptamos ante la amenaza de un cambio, ante la posibilidad de tener que modificar los hábitos, las rutinas y patrones de conducta que nos han llevado hasta un punto determinado de satisfacción, pero que no necesariamente van a ser permanentes; es un recordatorio de que la vida, ese “laberinto” que se transforma constantemente, está lleno de pasadizos y túneles secretos que a veces hay que atreverse a explorar.

El corazón de ¿Quién se ha robado mi queso? es una fábula en la que participan dos ratones, “Fisgón” y “Escurridizo”, y dos hombrecillos, los Liliputienses “Hem” y “Haw”. Nótese el simbolismo que entrañan los nombres, sobretodo de estos últimos, en cuanto a su actitud. “Hem”, es una especie de onomatopeya dubitativa, mientras que “Haw” es el homófono de How, cómo, en español. El nombre de los ratones es completamente explicito. Lo cual tambén es una forma auto-referencial de evidenciar los mundos de cada uno. Estos cuatro caracteres reflejan las respuestas básicas de la mayoría de las personas frente a la necesidad de cambio: resistirse por miedo a algo peor, aprender a adaptarse cuando se comprende que éste puede conducir a algo mejor, detectarlo pronto y finalmente apresurarse hacia la acción.

Este libro ha sido un “Best Seller” internacional en el ámbito del capital humano en las empresas, desde su primera edición en 1998, por G. P. Putman Sons. De hecho, la contraportada reúne algunos testimonios de empresarios destacados a quienes este sencillo libro les permitió introducir mejoras importantísimas en su gestión. “Quién se ha llevado mi queso? será utilizado en todos nuestros programas de formación porque crea un lenguaje para hablar del riesgo y el cambio en un tono más ameno. Su mensaje es claro”. Sally Grumbles, BellSouth. Además, su autor, el Licenciado en Psicología y Doctor en Medicina, Spencer Johnson es reconocido mundialmente por sus otros libros, que ya son unos clásicos de la literatura como el manual de dirección empresarial El ejecutivo al minuto, escrito en colaboración con Kenneth Blanchard y El vendedor al minuto, El minuto instantáneo. Sí o no: guía práctica para tomar mejores decisiones.

El libro está estructurado en tres partes, la primera describe una reunión de viejos amigos de la universidad, quienes comentan acerca de sus experiencias laborales. Uno de ellos les cuenta que escuchó una narración que, literalmente, le cambió la vida. Esto funciona a manera de preámbulo, pues la fábula se desarrolla en la segunda parte. La tercera y última sirve de corolario en el que los mismos personajes de la primera dan sus impresiones sobre el relato. Esta es una forma eficaz que utiliza el autor para asegurarse de que su mensaje quede claro (te aviso lo que te voy a contar, te lo cuento y luego te platico lo que te conté) quizás, sea un poco redundante para algunos, pero de que funciona, funciona. El diseño de portada de Alberto Cano se ha vuelto clásico de esta colección Empresa XXI en México, donde podemos encontrar otros títulos de similar interés, como El millonario instantáneo, de Mark Fisher, o La paradoja, un relato sobre la verdadera esencia del liderazgo, de James C. Hunter.

En un inmenso y complicado laberinto lleno de pasadizos, callejones sin salida, quiebres, puentes y estancias obscuras, dos ratones y dos pequeños hombrecillos andan en busca de “su queso”. Eventualmente, lo encuentran y se dedican a comer y a pasarla bien, sin preocuparse por nada más. Al paso del tiempo el queso desaparece. Los ratones, al ver que se han quedado sin su fuente única de sustento, salen corriendo de inmediato a buscar Queso Nuevo. Pero los hombrecillos, agobiados por sus razonamientos y sus sentimientos, se enrollan buscando las razones de la desaparición y especulando acerca del paradero del queso, culpándose a sí mismos y al otro, y abrigando la esperanza de que tarde o temprano el queso volverá, pues entre las muchas explicaciones que se dan, una de ellas es la de “no puede estarme pasando esto a mí. Debe ser un error”. El caso es que al poco rato los ratones encuentran Queso Nuevo, en otra de las recámaras del laberinto, mientras que los Liliputienses comienzan a desfallecer de hambre, y siguen discutiendo y tratando de darse explicaciones. De pronto, uno de ellos se da cuenta del gran ridículo que han estado haciendo buscando obcecadamente algo que a todas luces ya no hay, repitiendo rutinas que hoy por hoy ya no responden a la realidad, y rompe a reír. Entonces, decide salir a buscar nuevo queso y lo encuentra después de algunos fracasos. Sin embargo, el otro compañero sigue aferrado al pensamiento mágico de que si sigue esforzándose en ir a buscar el queso a donde había, eventualmente, éste aparecerá. El hombrecillo que ha encontrado Queso Nuevo se empeña en convencer a su compañero de que hay queso en otro lado, trata de compartirle la idea de esa nueva realidad, pero no logra transmitirle la visión. Hasta que comprende que no puede forzarlo a creer, y que tendrá que ser hasta que él se desapegue de la idea del primer queso que podrá albergar la imagen del Queso Nuevo que ha de buscar. Hay una pregunta esencial en medio de todo esto: ¿Qué harías si no tuvieras miedo?”

Esta sencilla metáfora es la historia de nosotros mismos ante lo que queremos. El queso representa aquello que buscamos: dinero, reconocimiento, amor, éxito, sabiduría, etc. Muchas veces lo alcanzamos, utilizando determinadas estrategias y nos acomodamos ahí, sin pensar que a la mañana siguiente todo lo que hicimos para lograrlo ya no es suficiente para mantenerlo, y hay que cambiar. Una de las ideas esenciales de esta metáfora es que el queso siempre se está moviendo. Es decir, aquello que creemos que es la fuente de nuestra felicidad siempre está cambiando, por lo tanto tenemos que cambiar nosotros también, asumir que un poco de incertidumbre y adaptación son ingredientes esenciales de la vida.

No recuerdo bien cómo llegó este libro a mis manos, pero por la etiqueta que tiene en la esquina superior derecha con el logo de Sanborns y el precio de $95.00 presumo que lo compré en esa tienda por ahí del 2006-2007, cuando trabajaba como consultor en Caliper Estrategias Humanas de México. Hoy forma parte del pequeño apartado de literatura de gestión empresarial que me enorgullezco mucho en tener, gracias a la orientación de mi querido cuñado Eduardo Castellanos.
De “Historia de mis libros”
José Manuel Ruiz Regil

miércoles, 7 de enero de 2015

Pena del alba

“Cada ocaso es un atardecer que acaba en luz”

Tomás Browne Cruz


Cuando tuve noticia de la convocatoria para el 1er. Concurso Latinoamericano de poesía transgresora 2012, pensé que eso era un pleonasmo, una hipérbole digna de la influencia estrambótica de estos días en que no basta nombrar las cosas, sino hay que gritarlas, subrayarlas y ponerles reflectores para que por lo menos dos o tres despistados se pregunten ¿qué es eso?; me inquietaba el significado de esta clasificación, pues entiendo la transgresión como el acto de violentar, infraccionar, quebrantar, vulnerar, desobedecer, atropellar o atentar contra algo o alguien, en este caso la poesía, y estas acciones no son –o no deberían ser- ajenas al ejercicio poético, de suyo.
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Recordemos el “chillen, putas”, de Paz cuando se refiere al trato que el poeta debe dar a las palabras, a las que hay que “coger del rabo, darles la vuelta, azotarlas, darles azúcar en la boca a las rejegas, secarlas, pisarlas, sorberles sangre y tuétanos…” o con más precisión, incluso, aquel consejo del sabio León Felipe que nos invita a deshacer el verso: “Quitadle los caireles de la rima, el metro, la cadencia y hasta la idea misma. Aventad las palabras, y si después queda algo todavía, eso, será la poesía. Qué importa que la estrella esté rémora y deshecha la rosa. Aún tendremos el brillo y el aroma”.

Es decir, que para mí está implícita la transgresión en el acto de crear. “Para crear hay que destruir”, decía Picasso. De esta forma el cosmos natural se convierte en un caos cultural del que surgirá un nuevo orden que habrá que seguir mancillando hasta el fin de los tiempos. Y en esta dialéctica entre la unidad y el fragmento surge Revelaciones de un cuidador de inicios del poeta chileno-australiano Tomás Browne Cruz, que es un llamado fresco a revisar los orígenes, los mitos y los arquetipos que interactúan en las historias que nos hemos contado a lo largo del tiempo, para cuestionar desde el cimiento, no sólo la forma y el concepto de poema sino el entramado de relaciones arcanas que determinan los roles y la manera de ser de los hombres y mujeres en occidente.

Este libro viene de regreso del verso libre, queriendo rescatar la herencia de una métrica decimonónica, también, (planta su eje alrededor de los alejandrinos, declarando su linaje de arte mayor), pero desnuda de ornamentos, pulcra de ideas, certera en sus sentencias y que trasluce, además, una sexualidad pragmática, un intenso erotismo alejado del lenguaje soez en el que suele atrincherarse el deseo frustrado de muchos autores.

Al leer Revelaciones de un cuidador de inicios pude inferir algunos de los criterios con los que tal vez operaron los creadores y jueces de este concurso, y entendí que es importante reconocer la transgresión en la poesía como un estímulo que permita mantener su estado de salud a lo largo del tiempo, aunque esta transgresión traiga ya una larga genealogía.

Lo primero que me llamó la atención del libro es su estructura. Está dividido en cinco partes: Convoluciones, Revelaciones I, Coro, Revoluciones y Convoluciones II, un índice paronomásico, que sugiere ya una suerte de diálogo que sostiene la voz poética con un colectivo, a la manera de una tragedia griega, pero vista a través de varios espejos que se reflejan a sí mismos.

Convoluciones, es un término matemático que se utiliza para definir aquel elemento que deriva de otros dos elementos de consistencia variable, algo así como decir que la sombra de mi mano en la mesa es la convolución de la fuente de luz que incide en mi propia mano; o que el eco es la convolución de mi voz que incide en el espacio y los elementos que lo ocupan.

Esta primera pista (metáfora estructural) nos pone en perspectiva de los temas que ha de tratar en esta instancia el poeta, donde encontramos poemas que indagan sobre la naturaleza filosófica de ciertos elementos, desarrollados con una poesía “silogística”, del tipo si esto es de esta manera, esto  es de esta otra, lo cual transgrede el concepto de lógica poética que tan ampliamente ha expresado el maestro Enrique González Rojo en sus Reflexiones sobre poesía, permitiendo de esta manera construir una nueva lógica –poética también, pero post-transgresión.

Borda también ideas acerca del tiempo y al espacio, los ritmos astrales, la relación de parentesco entre unos y otros, la correspondencia de los sexos en la naturaleza y su tímida expresión cultural sublimada en los intentos de los hombres, y sus correlaciones de género. Hay en esta parte un llamado al orden, es decir, la búsqueda de un principio que permita que las historias prosperen, que la vida fluya. “Nada se oculta con el fin de mostrarse tiempo después. Los accidentes voluntarios dan vergüenzas, Las matanzas no tienen remedio, dicen ellos juntos.”

En la segunda parte, Revelaciones, toma las figuras mitológicas de Adán, Eva y Caín para reflexionar sobre el poder, la eterna lucha de los hombres (macho) por la trascendencia; luego hace una elegía a Isis en la que, citando a León Felipe nuevamente, “queda el brillo y el aroma” de una civilización que nos heredó el lenguaje y el primer alfabeto; continúa con una carta a Cleopatra, donde la revela como un fetiche sexual  en torno al cual se gestó el triángulo entre Dios, César y Marco Antonio. En estos poemas-carta, escritos en segunda persona el poeta entabla un diálogo con el pasado histórico y mitológico y pareciera reconvenir a los actores de acuerdo a su percepción de las cosas.

Loa a la ninfa Chlora, arquetipo de la mujer sensual que envuelve lo mismo a la Flora de Tiziano, a la conquistadora Inés Suárez, amante de Pedro de Valdivia, a la Laura de Petrarca o a la adolescente Lolita, “Esperando significar para los aldeanos lo que las estrellas para los marineros han significado”.

El Coro recrea el conflicto original de la Guerra de Troya, y me parece que así como se ha dicho que el poeta es el nuevo Adán que ha de nombrar las cosas del mundo, en este poema, Browne señala a Paris como el nuevo héroe a quien ha de asimilarse el bardo contemporáneo, pues “eres mucho más que humano, raptaste a Helena”.

Continúa su repaso por los personajes arquetípicos del amor y el dolor, regalándonos asimismo, esa tercera visión derivada de las otras dos (convolución), como en el caso de la historia de Eneas y Dido, en la que altera el orden del tablero al suponer que la consternación de Eneas fue por haber encontrado a Virgilio esperando por él en vez de estar revolcándose con Dido.

Browne sigue su periplo por los arquetipos del amor cortés y hunde su daga en la castración de Abelardo, que no fue impedimento para seguir amando a Eloisa, aún recluido en su celda y lejos de ella hasta el último de sus días; junto con Tristán bebe “la magia negra del amor” y cae a un lado suyo, como Isolda enamorada.
Y justo al centro del libro como un surtidor sexual que abruma todos los poemas declara con Bocaccio : “Cuando pienso ¡oh sexo encantador! No ignoro que el principio de este libro os resultará 
desagradable.”

Dedica a Dante un poema en tres instancias donde pregunta al hado creador: “¿No fue Dante, por amor a Beatriz, que alcoholizó al poeta y el poeta a su poema?”.... “La Divina Comedia es la escatología del amor”…. “El amor es puro como el infierno”. Y concluye: “Las llamas no viven sin el fuego como el sexo no existe sin poesía”.

Revoluciones, cuarta parte, desnuda la relación entre creador y criatura, otorgándole a ésta una autonomía tal que fagocita al propio autor. “Así Shakespeare fue devorado por Romeo y Julieta, Así es el amor, así las cosas”. ¿Será por eso, dicen, que uno mata lo 
que ama? (Rosario Castellanos).

Luego se pregunta en un poema donde es difícil diferenciar al Quijote de Alfonso Quijano y viceversa ¿Cómo vino a desanudar los entuertos de la milicia y la malicia del cuerdo?
De la misma manera, así, de tú a tú, habla con Fausto y le pregunta “¿Qué fue de tu carne si sólo vendiste tu alma al diablo?”
Cuestiona a Vronsky y a Tolstoi sobre la muerte de Anna Karenina. “El tren entró en Anna como entró en Vronsky”.
En el poema a Flaubert hace un exquisito rosario de suposiciones las cuales pone en boca de los amantes de Emma Bovary y del mismo autor para explorar en las espaldas de todos ellos y en la propia la expresión: “soy la negra paloma mensajera”.

Y para cerrar esta instancia se interna en el triángulo infeliz producido entre Humbert, Lolita y Charlotte, donde el aristócrata Nabokov explora el deseo en una sociedad modernizada, contradictoria, asfixiante, y aprovecha para criticar la doble moral del puritanismo norteamericano.

Convoluciones II, nos ofrece con mucha más claridad otra pista acerca de la intención del poeta con respecto a su propuesta, es decir a su confesión de guardián de la historia, de masón espiritual de las civilizaciones, de constructor de realidades sagradas a partir de la palabra, y nos deja ver en este juego de reflejos un canto de esperanza: “Bajo el cemento está el amanecer”.

Lo que ha cantado y contado hasta ahora es el desaguizado de una era que es preciso dejar atrás para construir otro mundo distinto, “la tierra de todos, que es la tierra de nadie”, donde la armonía entre los seres no sea una utopía o un anhelo de una antigua edad de oro. Así, desde la era Ptoloméica, el Olimpo, El Imperio, Homero, Virgilio, la Biblia, los libros de caballería, las leyendas medievales, el teatro Isabelino, la novela victoriana, y el alba de la era moderna, el poeta honra su pasado pero vibra intenso en su presente, choca contra las estructuras culturales, de poder, económicas, religiosas y busca resonar más allá fuera de este mundo, pues está convencido de que es posible reconstruir la civilización a partir de la palabra, “La palabra hizo el tema y no el tema a la palabra”, dice.

5 de enero en Café Don Porfirio Col. Tabacalera.

Revelaciones de un cuidador de inicios es un libro que a la vez son muchos otros, esos otros que somos nosotros mismos, tú, lector, que has jugado a ser todos y ninguno, en un colectivo que no por ignorarlo deja de existir. Es tiempo de transgredir la molicie, ser otros Paris, otros Faustos, robarse la belleza nuevamente, vencer la inercia, la apatía de pensar y empezar a escribir con toda pulcritud los inicios de otra era a la luz de un nuevo verbo.

José Manuel Ruiz Regil
Analista cultural, poeta y cantautor.


jueves, 11 de diciembre de 2014

La resaca marina del viento trae ecos de mitologías


Con motivo del día de mi cumpleaños Laura, mi tía de la guarda, me obsequió un libro editado por Artes de México Conaculta, de la fotógrafa mexicana Lourdes Almeida, llamado Lo que el mar me dejó. De inmediato sentí un rumor de paráfrasis de aquella famosísima película norteamericana interpretada por Vivien Leigh y Clark Gable, Lo que el viento se llevó, basada en la novela de Margaret Mitchel en 1936, y que fue parte de la educación sentimental de la generación de nuestros padres. Digo nuestros para todos aquellos nacidos en los sesentas (a finales), como yo.

Efectivamente, Lo que el viento se llevó ha vuelto con el mar, a través de la mirada de Almeida, como resaca que transmuta elementos y nos ofrece la nostalgia de una voz traída con las olas, y que viene a varar a la orilla de una playa Homérica, donde el agua lame los recuerdos de un ímpetu de vida transformado en voluntad. Voluntad de liberación, de transformación –de ilusión, diría Alatriste su ensayo introductorio.

El viaje que nos ofrece la fotógrafa en esta colección de veintidós imágenes más una, la de la contraportada (Mi sombra y el mar), evidencia una evolución de la conciencia que va de lo sutil (Desprendimiento) donde el personaje central aparece difuso, cubierto por una túnica blanca semi-transparente, pertrechado tras un trío de rocas lamidas por las olas del mar en la ribera: a lo concreto: el cuerpo femenino como masa, como forma, como soporte, incluso. El movimiento voluntario de la imagen inicial genera una evanescencia en la materia con la que se abre la exposición y en la que bien podría enlazarse la encarnación del viento de Mitchel convertido en el agua de Almeida, con el que el ser estético comienza su periplo corpóreo.

El Ensayo sobre la ilusión de Sealtiel Alatriste  es una reflexión sobre aquello que los hindúes llaman maya, pues comenta que las fotografías de Almeida le sugieren visiones que no son reales, o realidades que pueden suceder en uno o varios espacios en los que son y no son a la vez. Vincula el estudio etimológico de la palabra con el acto de contar y rescata de esta relación el efecto literario que recordar tiene de suyo. Alude, a su vez al texto de Homero, y al de Joyce, en tanto que es probable que todas las instancias visitadas por Ulises en diez años sean las mismas que visitó Stephan Dedalus en veinticuatro horas. Y a través de una breve exégesis de El jardín de senderos que se bifurcan, de Borges, dibuja una arquitectura imaginaria en la que podemos diagramar las múltiples posibilidades de existir, de las que estas fotografías dan fe.

El personaje femenino parece a la espera del viento, de pie sobre las rocas. En las primeras fotografías lo encara (La caricia del viento), lo llama (La espuma y sus misterios), se mezcla (Simbiosis). La claridad se vela en negativo. El personaje marino es oscuro. Los elementos se contemplan en el tiempo antes de empezar su ritual de apareamiento sellado por el fuego entre las rocas, donde se complementan los cuatro elementos de la alquimia. Este proceso la fotógrafa lo ve como Éxodo Aquelarre. En esta serie se muestran personajes embozados, que remiten, sin duda a las icónicas fotografías de Manuel Álvarez Bravo, su maestro, y que desfilan a través de una composición rocosa llevando cirios en sus manos, en una procesión fantástica.

Continúa con la serie Crisálida, donde el elemento aire representado por la túnica blanca envuelve al cuerpo femenino como un capullo del que ha de liberarse llegado el momento de su maduración. Entre tanto los instantes que nos regala la pintora de luz son producidos por el ritmo de las olas y de la resaca del mar que al retirarse revela esculturas de una plasticidad mortuoria, tal vez. En que los cuerpos ceñidos por la tela mojada adquieren una expresividad singular, a veces patética; otras, ¿fantasmal? ; la de lo vivo inerte. Naufragios devueltos a tierra que tendrán un nuevo nacimiento. Despojos entre las rocas, rebabas de espuma, aguamalas anfibias saliendo a conquistar el mundo del aire. De esta metamorfosis surge Afrodita, cuyo nacimiento mitológico se remonta a la espuma simbólica que representa la castración de Urano; el viento sopla hacia la tierra y del mar emerge, entre las rocas, la diosa griega de la belleza, diríase una nereida de espuma.
Le siguen Galatea, escamoteada a la mirada del cíclope Polifemo, enredada en un drapeado blanco que escurre como gota de leche entre las rocas; Dánae, entreverada la carne con la madera del Laurel en que Apolo la convierte en venganza a su rechazo; y Pandora, de espaldas al ojo que la mira, al que sólo le entrega una cauda negra interminable, vestigio de todos los males. Podría decirse que por el punto de vista en que se emplaza la cámara esta secuencia sugiere de ellas una posición redentora, a pesar de la caída moral que supone su arquetipo.

La serie que nombra Nereida o Sirena, indistintamente, sin hacer la diferenciación morfológica que obliga, muestra una figura mitad hembra humana, mitad pez yaciente sobre la arena contemplando el infinito, en una actitud más de despedida que de espera de la nave que traerá al héroe de su amor. Por el contrario Sirena está de espaldas al mar, reclinada sobre su cola, resignada ante la pérdida, y sólo las últimas dos imágenes Nereida II y Parténope en Campania muestran la imagen yaciente y altiva del animal fantástico. Por cierto que Parténope en Campania, la única Nereida que muere ante el paso de los marinos, fue portada de la revista Macrópolis en su edición de mayo del 92, donde se publica un reportaje de David Torres sobre el desnudo fotográfico en México, “Ocho miradas a flor de piel”, y una de esas miradas es la de la fotógrafa que nos ocupa. Por cierto que esta foto es de 1989, lo cual nos hace pensar que este portafolio ya tiene su tiempo, como lo comenta Alatriste al inicio de su ensayo donde cuenta que hace ya muchos años su amiga lo invitó a presentar la exposición y entonces escribió unos pequeños poemas que luego perdió, pero retuvo en su ilusión, hasta que la epifanía de la amistad se los devolvió. Sin embargo, en este texto no cita los poemas. Me hubiera gustado tener ese testimonio de entonces.

Angel, una bella panorámica de un arrecife donde se levantan paralelas las estrías de un gigantesco órgano y el plumaje fantástico de las alas de este ser que no es ni niña ni mujer, sino un testigo contemplativo del paso del tiempo en una costa poblada por la imaginación, funciona, a su vez,  como un respiro para aterrizar en la densidad de la carne de la serie con que cierra el libro, “Las amigas de Nausicaa”, un concierto a varias voces de turgencias y oquedades veladas por las sombras, y el vestido de la arena que evidencia su pasión por los cuerpos. ¿Habrá sido esta la visión de Ulises al despertar de su naufragio? ¿Habrá participado el héroe mítico de este ágape sensual que la resaca de las olas cocinó y dispuso sobre la mesa infinita del deseo?



José Manuel Ruiz Regil.